Las marroquíes

Desde hace una década miles de mujeres del país vecino han participado en las labores de siembra y recolección de la fresa. Los empresarios las escogían a la carta: jóvenes, sanas y con cargas familiares, condiciones que aseguraban un rendimiento óptimo y un riesgo mínimo de deserción en el trabajo. A pesar de su presencia reiterada no terminamos de acostumbrarnos a ellas, siempre moviéndose entre las hileras de plásticos blancos con la dificultad impuesta por el largo atuendo, siempre recatadas, siempre en grupo. Así que este año no las echaremos de menos. Ellas, las marroquíes, despojadas de la aureola exótica de otras trabajadoras que vinieron del Este, casi sin ser consideradas mujeres, ahora ya no son ni válidas para el trabajo porque, simplemente, otros trabajadores empujados por la necesidad les cerraron el paso. Ya no nos hacen falta. La crisis acabó de volverlas invisibles.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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