Las no vacaciones de Alberto

 

 

Cuando Alberto oye en la radio eso de “Operación Salida”, “merecido descanso”, “la Canción del Verano” o cualquiera de los tópicos con los que los locutores llenan la falta de contenidos que sufren los informativos en estos días, así como el consabido repaso a la situación de las carreteras, playas, hoteles y bosques de la geografía hispana siente una fuerza interior que le impulsa hacia el aparatito de radio para destrozarlo que sólo se ve frenada por la clara conciencia de que a su jefe no le haría mucha gracia la broma.

No hace falta ni que se lo diga, se lo dejó claro el día que entró a trabajar: “esto es un establecimiento público, ya sabes lo que quiero decir”. Él sabía que eso quería decir que no podía destrozar transistores, no podía piropear a las clientas, no podía llevar puesta de cualquier manera su inmaculada camisa de camarero, tenía que ser amable con la clientela y todo ese rollo que le explicaron en un curso de camarero que había hecho con una ONG a la que lo mandaron desde el INEM bajo la amenaza de retirarle los cuatrocientos euros de la ayuda. Allí empezó su particular “reconversión” de trabajador de la construcción a currante polivalente preparado para lo que viniera. Y lo que había venido, hasta ahora, era lo que pocos querían: reponedor en una gran superficie en Navidad, limpiador de cera en Semana Santa, basurero en El Rocío… Por supuesto también el campo: ya había tenido oportunidad de ver cómo se llenaba su mano de arañazos si olvidaba llevar los guantes a su trabajo de recolector de naranjas o cómo dolían las lumbares olvidara o no olvidara la faja cuando estuvo apañando fresas.

Nunca había terminado de creerse ese mantra de que las cosas se resolverían con esfuerzo y sacrificio. Él los había hecho y veía cómo la recompensa no era la recuperación, sólo la supervivencia. Él sacrificaba las vacaciones porque no tenía otra, porque tenía que aprovechar todas las oportunidades que se le presentaban, aunque fuera aquel trabajo mal pagado en el que echaba más horas de la cuenta, que le alejaba de su familia pero que le permitía llevar algo a casa para que, por lo menos un par de días a la semana, su mujer pudiera montar a los niños en la camioneta y llevarlos a la playa como si aquello fueran unas vacaciones de lujo.

Pensaba en eso cuando un cliente le pidió que subiera el volumen. Era un “moro” que parecía muy interesado en las noticias sobre no se qué bombardeo.

The following two tabs change content below.

Javier Rodríguez

Latest posts by Javier Rodríguez (see all)

You may also like...

Deja un comentario