Las no vacaciones de Elma

Ya nada volverá a ser como antes, pensaba Elma. Antes, cuando las vacaciones eran verdaderamente tiempo de descanso, cuando creía que su trabajo como vendedora sería para siempre, cuando su casa era un espacio propio, suyo y de su familia, y sentía que lo ganaba mes a mes, con cada cuota de la hipoteca. No, ya nada volverá a ser como antes.

Su historia no era especial, o era tan especial como la de muchos otros. Asumió sin darle vueltas lo de comprar una casa, ese estereotipo del “piso alquilado-dinero tirado” y el argumento imbatible de que con el dinero del alquiler se pagaba la hipoteca. Los intereses no eran altos, las garantías requeridas por el banco mínimas, la presión ambiental mucha. Firmó. Luego vino una historia no por repetida menos dolorosa, un ERE de su empresa, un despido inesperado de su marido y una hipoteca que empieza a pesar como una losa. Cuando acudió a la sucursal sintió que no entendían de verdad lo que ella estaba pasando, que con buenas palabras querían quitarse el problema de encima. Alardeando de solidaridad le ofrecieron negociar la deuda, bajar la cuota durante unos años con el aumento consabido de intereses. Y volvió a firmar.

Ahora siente, además de preocupación, mucha culpabilidad. ¿Qué es lo que ha hecho mal, en qué ha fallado? Desde que la echaron de su empresa ha ensartado varios trabajos temporales y precarios, ha ido pagando como ha podido, pero se da cuenta, ¡otra vez!, de que nada volverá a ser como antes. Porque nunca volverá a tener un trabajo estable, nunca volverán los ingresos con los que contaba. Esa refinanciación o como se llame es una patada hacia adelante, no resuelve el problema, solo retrasa el desahucio. Ella sabe que no podrá pagar la deuda, y empieza a saber, maldita sea, que ha caído en una trampa.

Sólo sus compañeros de la PAH son un agujerito por donde entra el aire, un rayo de esperanza. No solo por la información y el apoyo jurídico que le han prestado, sino porque de verdad comparten su angustia, se interesan por ella, saben por lo que está pasando. Como una familia grande y unida frente a la adversidad. Elma no tiene vacaciones, ni tiene dinero ni le serviría de nada irse a otro sitio, ¿cómo desconectar de la zozobra? Pero algunas tardes, después de la reunión, se toma una cerveza con Raquel, con Diego o con Chonchi. Y le parece que esa lucha le devuelve la dignidad perdida, que tiene fuerzas para continuar, que sí, que sí que se puede.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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