Las no vacaciones de Héctor

Aún recuerda Héctor aquella sensación y le entra vértigo. Ese preciso momento en que sintió que se abría una brecha en el suelo, bajo sus pies y caía al vacío, a lo mas hondo de la nada. Justo ese instante en que se enteró que otra vez iba a quedarse en el paro. Y desde aquel momento la de veces que se ha despertado sobresaltado en medio de la noche envuelto en un sudor frío, provocado siempre por la misma pesadilla: una caída continua al vacío; nunca hay final, nunca hay golpe, solo la tortura de sentir como su cuerpo gravita hacia la nada.
Héctor resopla al darse cuenta de la semana que le queda por delante, una semana cargada de acontecimientos, pareciese que planificada para intensificar la continua y sibilina tortura que tensa todo su cuerpo. En dos días estará celebrando su 50 cumpleaños, nadie le ha dicho nada, pero sabe que su mujer en un intento más por animarlo está organizando una gran fiesta sorpresa a la que acudirá toda la familia y la mayoría de amigos. No es cualquier cosa cumplir 50. Por desgracia la sociedad se ha empeñado en hacerle sentir que al final toda su vida se resume en 50 razones para tener grandes dificultades a la hora de encontrar otro empleo. A ver como se las compone él para no desmerecer tanto esfuerzo y ser capaz de mostrarse gratamente sorprendido, agradecido y dicharachero. Difícil lo tiene porque tres días más tarde se verá obligado a celebrar también el fin de la corta y escasa prestación por desempleo que le correspondía y sabe que la sensación de caída al vacío, entonces se hará más intensa.

Lleva más de un año luchando con uñas y dientes para no dejarse llevar por el desánimo, tanto que cada currículum que ha entregado en este año transcurrido, lo hacía convencido de que el puesto iba a ser para él. Pero no, en un año no ha habido ni una llamada.
Todo esto lo piensa Héctor parado frente al mar. Pese a vivir en la costa, después de mes y medio, esta es la primera vez en todo el verano que se permite pisar la playa, lo hace por sus tres hijas, por su mujer y por su suegra, tampoco es cuestión de amargarles a ellas también la existencia.
Mañana -piensa-, mañana haremos cuenta con las circunstancias, convencido de que tiene la capacidad de desconectar de los problemas, pero a su mente le martillea una frase que escuchó hace un par de noches de boca de unos de los protagonistas de una serie al cual también habían echado de su puesto de trabajo: “si no voy a trabajar todos los días, ¿qué soy?”

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Carmen Murillo

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