Las no vacaciones de Juani

No papá, no es hora de salir al parque, ¡qué son las cuatro de la madrugada! Era la tercera vez en la noche que Juani tenía que interrumpir su ligero sueño para atender a su padre que sufría el avance de la enfermedad de Alzhéimer. Él ya no era capaz de seguir algo parecido a un biorritmo normal, con sus horas de despertarse o de comidas, no era capaz de hacer nada por sí mismo. Además, muchas veces hacía el  ademán de levantarse de la cama en la que llevaba postrado varios años, lo que propiciaba que acabara tirado en el suelo de la habitación,  llorando como un niño. Levantarle para devolverle a la cama suponía un esfuerzo enorme.

Aunque lo que más le dolía a Juani eran esos pequeños flashes de lucidez en los que se padre preguntaba por su madre, que ya llevaba varios  años fallecida. Era como un volver a recordar constantemente el dolor de la pérdida, tanto de su madre, como de su padre que, aunque estuviera vivo, era como si no lo estuviera, y eso es duro y extraño a la vez.

Juani vivía en un piso alto de barrio y sin ascensor. En varias ocasiones había escuchado rumores de no sé qué subvención de la Junta para
instalarlos, pero de eso hace ya mucho tiempo. Vivían su padre y ella de una exigua pensión de jubilación que daba para lo justo: la luz, el agua, y la comida, nada de lujos. Para todo lo demás que necesitaba su padre estaba la Ley de Dependencia. Según el derecho que le asistía esa Ley, podría tener a una persona que ayudara en los cuidados, poder disponer de grúa para la pesada tarea de levantar a su padre, poder adaptar el baño, comprar los complementos nutricionales y todas esas pequeñas o grandes ayudas que harían la vida de su progenitor, y la suya propia, un poco más fácil.

Pero la Ley de Dependencia se ralentizó, y con ello llegaron los ajustes, y los retrasos, y los conflictos entre Administraciones que, siendo de
signo político opuesto, se reprochaban mutuamente su incumplimiento. Y Juani estaba en medio de ese juego que no entendía. Ella sólo quería un poco de ayuda, sólo eso.  Ahora, en el verano, todo se le hacía más pesado. No sé si por el calor, el vacío de la ciudad buscando la playa, los días largos o la invitación a salir a la calle. Anhelos que se guarda para dentro, ya que ahora mismo no se puede permitir el lujo de pensar en ella. Juani, como tantas otras personas que cuidan de dependientes y enfermos, no podrá veranear.

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Victor Rodríguez

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