Las no vacaciones

Esteban sueña hace tiempo con que llegue justo este día, el que abre el mes de agosto. En el taller mecánico donde trabaja solo se cierra la semana de Colombinas. Le espera un hotel para él y su familia, que para eso ha currado de lo lindo durante todo el año. Pocos días pero a tope. Sandra se lo plantea más tranquilamente: a ella y a su pareja les gusta el turismo rural, hay buenas ofertas y pueden permitirse al menos dos semanas en una casita alquilada en Castilla-León. Fernando y Lola no saldrán con los niños a ningún lado, la cosa no está para tirar cohetes, ¡ni un petardo!, más vale que Lola encuentre trabajo antes de que se le termine el paro porque con un sueldo no llegan. Lo que harán será ir a Punta a bañarse, como máximo alguna cena en un bar, hay que mirar hasta el número de helados que comen los chicos…

Y así, de esta forma o parecida, se engarzan muchas historias de vacaciones. Historias personales, familiares o en pareja, historias en casa de los padres en la playa -esa casa a la que los hijos no querían ir de adolescentes y ahora vuelven con los nietos-, historias en el caserón que fue de los abuelos en un pueblo de la sierra, historias de mar y montaña, de hoteles o camping o de autobús hasta La Bota. Todos relajamos el ritmo, dedicamos un tiempo merecido al ocio y al encuentro, necesitamos un justo descanso… ¿Todos?

Joao recorre la playa de punta a cabo veinte o treinta veces cada día, cargado con su nevera y voceando su mercancía, a la espera de que la sed de los bañistas le proporcione unos pocos euros. Dana malvive en un asentamiento chabolista. Ana no pudo ni acudir a los últimos exámenes en la universidad porque en el hotel donde trabaja, con un contrato indecente, no le dieron permiso. Noé sigue estudiando oposiciones, imposible parar el ritmo porque es su futuro el que está en juego. Juani no sabe lo que son vacaciones desde hace años, tantos como su padre vegeta en la cama enfermo de Alzheimer. Aisha lleva cuatro meses en un CIE, tras mucho tiempo trabajando en España fue detenida en un control rutinario. Alberto, Hassam, Elma Alejandro, Bachir, Héctor o Ana que pierde sus vacaciones trabajando para que otros las tengan.

Son otras historias desapercibidas, necesarias o incómodas, que rodean este tiempo de vacaciones. Historias de gente que no podrá descansar, que cobrando o sin cobrar continuará trabajando, o que quisiera trabajar, o que no desconectará de la penosa rutina de los días. Historias de falta de posibilidades, historias invisibles de no vacaciones. A ellas dedicaremos nuestra columna en este mes y con ello, también perderemos nosotros algo de nuestras vacaciones. Que el silencio no termine de enterrarlas.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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