Las preguntas que no queremos hacernos

medios-de-manipulacic3b3nUn informe nos dice que un puñado de personas, que apenas dan para llenar un autobús, acumulan tanta riqueza como los 3.600 millones más pobres. Pero no pasa nada. Nos dan esos datos de desigualdad aplicado a nuestro país. Nada. Aparecen niños ahogados en las playas europeas. Nada. Los bancos, después de haber robado sin nocturnidad pero con alevosía, expulsan a miles de familias a la calle. Y no pasa nada. Bueno, en este último caso un puñado de ciudadanos indignados nos enseñaron lo que era la dignidad. Pero, en general, esta sociedad del siglo XXI tiene unas enormes tragaderas, es capaz de digerir injusticias, muertes, desigualdades, violencias, y apenas si pestañea.

Saturados: recibimos tanta información que no tenemos tiempo para digerirla, y eso hace que la sociedad más informada sea, al mismo tiempo, la más ignorante. O al menos la más indolente. Y ahora escribo este artículo sabiendo que me sumo a esa saturación, que probablemente después de leer esto, si es que lo lee hasta el final, el lector irá a otro rincón de la web, o del periódico, a tratar de digerir alguna otra noticia indigesta e indignante. Porque ¿estamos dispuestos a reaccionar, a poner nuestro tiempo y nuestras seguridades al servicio de un futuro mejor?

Me consta que hay mucha gente de buena voluntad luchando en cada rincón de este planeta para modificar el rumbo de la historia. Pero es evidente que algo se ha roto, que no estamos siendo capaces de ser eficaces. Y ahí están los datos, tozudos, mostrando la derrota de las luchas de emancipación, por los Derechos Humanos, las ambientales… Más desigualdades, más pobrezas, más y más cruentas guerras, más deterioro del planeta… ¿qué ocurre?

No lea hasta el final. Si no está dispuesto a moverse de donde está no lea hasta el final. De hecho creo que un primer paso para romper esta saturación a la que nos someten es dejar de leer, dejar de navegar, dejar de debatir… y hacernos preguntas. Movernos del sitio en el que estamos e incomodarnos, comprender que no podemos cambiar el rumbo de la historia sin cambiar el rumbo de “nuestra” historia. No hay nada más inquietante para esas 65 personas del autobús que ver como nos hacemos preguntas, como nos movemos, como nos organizamos, como nos conectamos… Hay muchas luchas en marcha, pero hasta que no consigamos conectarlas y ponernos activamente a su servicio no podremos modificar realmente la realidad. Les suena Davos, supongo. ¿Les suena también el Foro Social Mundial?

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Gonzalo Revilla

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