Lecciones por aprender

El paro sigue siendo la principal preocupación de los españoles. Luego viene la corrupción y la situación económica del país. Lo dice el último barómetro del CIS y lo refrenda la experiencia con una simple mirada alrededor, probablemente dentro de la propia familia o los amigos cercanos. Para elaborar esos estudios de opinión los técnicos del CIS entrevistan a 2500 personas de forma aleatoria. Nunca en esa muestra de población ha entrado Mariano Rajoy, no lo ha querido el azar, pero tampoco hace falta, porque sus opiniones sobre el final de la crisis las conocemos de sobra y no coinciden en absoluto con los datos que arroja esa encuesta.

El desacuerdo entre las opiniones de los españoles y las declaraciones de su presidente puede ser una muestra más de la distancia que separa al pueblo de la clase política. Pero es, sobre todo, un espejo que refleja cuán alejadas se encuentran la realidad de los indicadores macroeconómicos y la de la calle, o qué extraviadas resultan las cifras cuando quieren esconder la verdad. Por ejemplo: se crean tres puestos de trabajo con las mismas horas que antes empleaban a dos trabajadores; desciende la tasa de pobreza, porque también ha descendido la renta media, y por tanto baja el umbral estadístico que mide cuáles son los hogares más pobres; nos dicen que aumenta el PIB, cuando en realidad lo que ha cambiado recientemente es la forma de calcularlo, incluyendo ahora el rendimiento económico de actividades ilegales (prostitución, droga…). Podemos seguir engarzando ejemplos, y todos tendrían el mismo significado: la salida de la crisis no repercute en la mejora de las condiciones de vida de los españoles.

Contesten mentalmente la encuesta del CIS y vean en qué orilla se sitúan, y qué modelo eligen para el futuro. Lo que nos proponen desde arriba es un modelo vergonzoso basado en la precariedad y la pérdida de derechos, con la falsa premisa de volver “a lo de antes”, es decir, a la misma lógica que nos ha traído hasta aquí, la lógica de la desigualdad y de los máximos beneficios. Y si este es el final de la crisis, aviaditos estamos. Seguiremos mejorando nuestras estadísticas, seguramente, pero dejaremos en la cuneta a muchas víctimas. Esa es la lección que encierra este momento histórico, y conviene tenerlo claro. Si no somos capaces de aprender de los errores del pasado y de acertar sobre los elementos que decidirán nuestro futuro, verdaderamente dará igual que salgamos o no de esta maldita crisis.

 

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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