Leyes sin sentido común

Las leyes son esas normas sociales impuestas que regulan la convivencia dentro de una cultura, país, sociedad o colectivo y suelen responder a una ética. Recuerdo a un profesor de universidad que un día nos preguntaba a la clase muy preocupado, que si de verdad creíamos que podían existir leyes erradas. Y claro, a esa pregunta le corresponde una respuesta muy complicada, porque depende del lugar de la escala de principios y valores en que se posicione. Si cumplir la ley en si mismo es el objetivo primordial, no habrá posibilidad de que ninguna yerre, porque todo el entramado social se organizará en función de éstas y seremos lo que ellas manden. Pero si por el contrario no se concibe a la ley como un valor en si, sino como una herramienta que posibilita la convivencia, la permanencia y supervivencia de ciertos valores éticos, ahí se acompleja todo mucho, puesto que las leyes no tienen sentido común, ni empatía.

Existen leyes que desde el mismo momento de su creación tienen una gran carga de injusticia, pero existen otras tantas leyes que nacidas con la mejor intención nunca podrán llegar a ser perfectas, y dentro de ese pequeña probabilidad de imperfección pueden llegar a generar también situaciones bastantes injustas. Un ejemplo puede ser el caso de la pareja inglesa que fue detenida en septiembre por sacar a su hijo de cinco años del hospital porque supuestamente buscaban poder ofrecer al niño un tratamiento alternativo.

La obligación de la ley es velar por la salud y la vida del niño y por los derechos de los padres. El problema es cuando el derecho de los niños y de los padres entran en conflicto porque no hay ley que recoja el derecho que tienen tales padres a proporcionar a su hijo lo que ellos creen que es mejor para él, aun cuando esto significa ir en contra de la propia ley y de los intereses que la manejan. Y es que en muchas ocasiones las inquietudes de la ciudadanía van paralelas de las leyes. Y por desgracia, quienes trabajan para el sistema judicial, no trabajan para la justicia sino para la ley y para que esta se cumpla.

¿Es justo arriesgar la vida de un niño con medicinas alternativas no reconocidas “aun” por las leyes? ¿Es justo dejara que un niño pase por la tortuosa y no eficaz experiencia de la quimioterapia y arriesgar su vida cuando tu intuición te dice que pueden existir otras alternativas más eficaces? Tan difícil de responder como la cuestión que planteó aquel profesor. Lo que sí es verdad es que este problemas de tener que salvaguardarnos legalmente hasta de nuestros padres existen porque nuestras sociedades gastan excesivas energías en educarnos para temer a la ley y muy pocas para enseñarnos a apreciar la ética.

The following two tabs change content below.

Carmen Murillo

Latest posts by Carmen Murillo (see all)

You may also like...

Deja un comentario