Libertad de panorama

Hace unos días los parlamentarios europeos han votado sobre la limitación de tomar fotos en cualquier espacio público. Se trata de un concepto legal conocido como libertad de panorama, que consiste en una excepción de los derechos de autor y da permiso para hacer una foto del Guggenheim de Bilbao, por ejemplo, y colgarla inmediatamente en las redes sociales sin que seas un delincuente. Este derecho no existe en países como Francia, Italia o Bélgica; de modo que te pueden multar si fotografías la torre Eiffel de noche, porque el montaje de la iluminación está protegido por derechos de autor (y menos mal que los de la torre misma expiraron hace tiempo). Finalmente, la enmienda para armonizar las leyes nacionales no ha prosperado y cada país podrá legislar sobre la libertad de panorama como le plazca.
Regular este derecho en la práctica se antoja una quimera, porque es imposible recibir una autorización de los arquitectos o propietarios de los derechos de reproducción de un lugar público antes de capturar una instantánea, o controlar la cantidad de turistas, móvil en ristre, que pululan por los centros de las ciudades europeas. Sin embargo, el solo hecho de que se haya planteado y los europarlamentarios hayan tenido que perder tiempo en esto pone los pelos de punta. Primero porque en lugar de crear un marco legal común eliminando las restricciones de ciertos países, lo que se les ocurre es justamente lo contrario, extender la limitación a toda la Unión Europea. En segundo lugar, porque hay gente empeñada siempre en legislar a favor de los derechos de autor; o lo que es lo mismo, en anteponer los derechos individuales a los colectivos, lo que implica finalmente darle más valor a la propiedad que a la vida. Los historiadores y juristas dirán que eso ya existía en la Ley de las XII Tablas, que permitía matar al ladrón cuando era capturado en el acto mismo del robo.
A día de hoy, más que de matar se trata de dejar morir. Es lo que sucede cuando en Europa se discute, no sobre inocentes fotografías, sino sobre otras cuestiones más serias: la ayuda a los refugiados que tratan de escapar de la guerra y terminan tragados por el Mediterráneo, o el rescate de la deuda griega (esto es, de los propios ciudadanos griegos frente al poder omnímodo del capital). Son historias de víctimas y verdugos en las que parece haber un apabullante consenso. Por eso no conviene olvidar que otros “panoramas” también reclaman libertad a gritos.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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