Límites y criterios

Leo que en Nueva York han prohibido el uso de móviles en los colegios, y que policías con detectores cachean a los alumnos antes de entrar en clase. América es así de tosca. Pero recuerdo que algún profesor amigo me ha comentado que a veces se ven obligados a retirar móviles a los alumnos. Durante 24 horas, según las normas del Centro. Y que más de un padre se ha presentado en el Colegio para exigir la devolución inmediata del móvil. Así que aquí también somos toscos. Cuando los centros educativos, o la policía, tienen que hacer el trabajo de los padres es que andamos muy mal. Cuando los profesores tienen que dedicar su tiempo a enseñar que no está bien destrozar papeleras o mobiliario urbano, que no se debe sacar una navaja en clase, entonces es que algo esencial se ha roto: la responsabilidad educativa de la familia. Si los padres renuncian a lo normativo, renuncian a imponer criterios a sus hijos, a marcar límites, entonces no queda más remedio que colocar policías en la puerta de los colegios e institutos, no queda más remedio que sustituir las papeleras quemadas una y otra vez, no queda más remedios que recoger los cadáveres de los mendigos que sirven de diversión a algunos jóvenes. Los padres, dicen algunos, no pueden ser policías. Claro. Han de ser padres enseñando límites, mostrando criterios. Eso o dejar que la policía, y los maestros-policías, hagan todo el trabajo. Una imagen: la perplejidad en el rostro de un padre que acaba de enterarse de que su hijo se dedica a golpear a compañeros de clase mientras lo graban con el móvil.

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Gonzalo Revilla

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