Limpiar la calles

Me dice Alí que llegó hace dos semanas, que esperaba trabajar, que eso le dijeron, pero no ha podido ser: “no papeles, no trabajo”, repite. Me dice que desde entonces deambula por las calles, primero de los pueblos, ahora de la capital. Llegó para ganarse la vida y ayudar a su familia, es el mayor y sus hermanos confían en que mande dinero y se sorprenden de que sea él el que llame para pedirlo, no entienden que él no encuentre trabajo y por su pueblo haya anuncios pidiendo trabajadoras para la fresa en Huelva. Alí está desesperado. Después de un peligroso viaje por el que ha tenido que pagar tres mil euros, el sueño de prosperar, de poder ayudar a los suyos, de llevar una vida digna, …, se ha hecho añicos. Al menos los días atrás había podido dormir en los aledaños de la Estación de Autobuses, en un pequeño techado, pero anoche alguien del ayuntamiento había decidido que aquella zona se tenía que limpiar a manguerazos cada tres horas, y en aquellos charcos ha sido imposible dormir, por lo que ha pasado la noche en vela. “Tan sucia no estaba la calle”, me dice Alí. “No es la calle lo que está sucia, es su conciencia”, le respondo.

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Javier Rodríguez

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