Lo barato sale caro

Nuestras madres se empañaban, cuando nos enseñaban los rudimentos de economía doméstica, en que comprendiéramos el concepto: “Mira, hijo, es verdad que gastarse en unas zapatillas la mitad de lo que gana tu padre, sólo porque hayas visto su anuncio en la tele, es un despilfarro, pero también te digo que comprar esas “gangas” en las tiendas de los {veinte duros}, sale, a la larga, caro”.

Es un concepto más difícil de entender que las teorías económicas que luego nos explicaban en clase pero, con el tiempo y, a base de comprar destornilladores que se doblaban ante el primer intento de colocar una estantería, zapatillas cuya suela se despegaba en la segunda carrera o bolígrafos que no escribían, uno ha tenido que rendirse a la evidencia y comprender, escarmentando por cabeza propia, los dineros que nuestras madres nos intentaban ahorrar.

Los actuales gobernantes no debieron tener unas madres tan previsoras y preocupadas como las nuestras, o no tienen ni idea de economía real. Si no, no se comprende porque se empeñan en hacernos creer que las “medidas de austeridad” que promulgan van a sanear nuestras economías. Queda claro que no cuela lo de la amnistía fiscal para recaudar más. Pero tampoco podemos aceptar que los recortes en sanidad, educación o servicios sociales conduzcan, a la larga, a una economía más “saneada”.

Mi amigo Jesús me enviaba hace unos días una frase que se atribuye a distintas personalidades como Concepción Arenal o Victor Hugo: “Abrid escuelas, cerraréis cárceles”. Denle la vuelta a la frase y encontrarán que la consecuencia de mermar el presupuesto en educación será, a medio o largo plazo, el aumento del presupuesto en seguridad. No lo digo yo lo dicen muchos estudios sociológicos y [experiencias como la holandesa->http://www.nodo50.org/tortuga/Holanda-por-fin-un-pais-donde], que ha permitido ir cerrando prisiones.

Mayor inversión en servicios sociales y educación trae consigo un ahorro en el gasto en seguridad -y una sociedad más {feliz}, si se me permite hablar de felicidad en medio de una diatriba sobre economía-. Y digo inversión en servicios sociales y educación porque, además, este tipo de partidas presupuestarias permiten tener una sociedad más preparada y con mayor cohesión y paz social, lo que de cara a nuestros “amigos” los mercaderes la hace también más “competitiva”, más atractiva a la inversión, más proclive a atraer el turismo (¿de eso se trataba, no?). Por eso debe hablarse de inversión y no de gasto. El gasto es aquello que consideramos como dinero perdido, eso es exactamente lo que hacemos cuando nos obligamos a tener un sistema penitenciario tan descomunal como el que tenemos, por poner un ejemplo. Poco gana la sociedad con él. Y me refiero, también, a lo económico.

Pero a lo mejor eso les parece demasiado elaborado, que para llegar a la relación de una cosa y otra tenemos que dar demasiados pasos. Más fácil de ver es el caso de alguno de los recortes en Salud. Tenemos un sistema de Salud Pública. Este concepto va más allá del hecho de que la sanidad esté en manos de gestores públicos: incide en el hecho de que la salud es un bien colectivo, que pone en relación a todos los sujetos de una comunidad.

¿A qué viene por tanto sacar unos pocos individuos del sistema? ¿Dejan de existir porque no se les atienda en nuestros centros de salud? Claro que no, pero lo que nos dicen es que con eso nos ahorramos el “gasto” que esos individuos provocan al sistema. Es falso. Es más que probable que al dejar de atenderlos a través de la Atención Primaria lo que estemos provocando es un aumento exponencial del gasto hospitalario y en las urgencias.

Además, al quedar fuera de los programas de prevención de los centros de salud, estos se hacen bastante más ineficaces, con lo que estamos sumando más gastos al sistema sanitario. Y, esto no lo digo yo, lo dice [la Consejera de Salud de la Junta de Andalucía->http://blogs.publico.es/joan-carles-march-cerda/2012/04/27/sanidaddelpasado-que-dana-el-futuro/], se evita “la detección y el tratamiento de problemas de salud en sus primeros estadios, con lo que el ciudadano acude cuando la patología ya está más avanzada, encareciéndose así su asistencia”.

Sólo nos queda el racismo populista como razón que puede hacernos entender porqué se queda fuera a los inmigrantes sin papeles del sistema sanitario y sólo nos queda el dogmatismo ultraliberal para entender las decisiones que se vienen tomando por parte del gobierno de Mariano Rajoy. No pueden darse razones económicas, no nos pueden convencer de ello y va siendo hora de que se les vaya quitando la divisa de eficaces gestores a una derecha que, amparada en los errores de sus antecesores, van tomando decisiones demasiado caras para una sociedad que no está para muchas “alegrías”.

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Javier Rodríguez

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