Lo de la hepatitis C es de coña

Por Jose Angel Ortuño:

 

Yo he conocido y conozco a algunas personas que padecen hepatitis C. Se trata de usuarios de los centros en los que he trabajado. En general, ex-toxicómanos que compartieron jeringuillas. En principio, y aunque esta enfermedad tiene síntomas serios (cansancio extremo, heces grises, piel amarilla,…) pueden pasar bastante años antes de presentarse. De hecho, se calcula que la mitad de los 800.000 españoles que padecen la enfermedad no lo saben.

Después de años asintomático, el hígado del enfermo empieza a fallar, se van haciendo “cicatrices” (fibrosis), apareciendo la cirrosis, que puede degenerar en cáncer.

Hasta ahora el tratamiento, pesado y con bastante efectos secundarios, curaba al 50%. Es decir, el virus de la hepatitis C no era detectado en una análisis de sangre. El 50% no está mal. Pero todavía quedaba un 50% de personas que no se curaban (la cuestión es compleja, porque aunque hablemos del virus de la hepatitis C hay diferencias de genotipo del bichito que hacen que la cosa no sea tan lineal).

En estas estamos cuando a comienzos de 2014 empiezan a aparecer en la prensa generalista artículos sobre los nuevos fármacos que curan la hepatitis C (http://bit.ly/1fz4e6c) junto con casos como el del preso andaluz que recibió un tratamiento combinado para VIH y VHC con dos años de retraso por las cicaterías de las administraciones (le condenaron a ser privado de libertad, que no es poco, no a morir), y con las comprensibles demandas de aquellos que padecen la enfermedad.

El 25 de julio de 2014, Santiago patrón de España, aparecía en El País la noticia de que el primero de los fármacos de nueva generación para el tratamiento de hepatitis C entraba en el sistema público de salud español.

Lo malo es que el tratamiento tiene un precio alto, sobre todo porque la iniciativa de Francia, de negociar un precio para toda la UE, no prosperó (España también votó en contra). Y como andamos en tiempos de recortes, en 2015 está previsto que sean tratados 6.000 pacientes. La Asociación Española para el Estudio del Hígado afirma que otros 25.000 pacientes lo necesitan sin dilaciones. Son las personas que tienen riesgo de morir o de sufrir una descompensación hepática.

La situación se agrava cuando se trata de personas presas (colectivo en el que la prevalencia de la hepatitis C es más alto que en la población normalizada) y en los colectivos en exclusión social, con un menor acceso al sistema sanitario.

Lo del precio del medicamento. Pues tratándose de empresas farmacéuticas, y como no voy a decir nada que nadie sepa, lo mejor es ver “El jardinero fiel” o leer el cuadernillo que Cristianismo y Justicia dedicó al tema.

Hay personas afectadas que se han encerrado en varios hospitales, como el Doce de Octubre.

Esperemos que algo cambie, para mejor.

 

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