Lo remoto

No son buenos tiempos para las minorías, para los lugares pequeños o
remotos. En esta vorágine de lo rentable, del beneficio economicista, de
la justificación macroeconómica, asistimos con honda tristeza cómo a los
poderes públicos les importa muy poco lo que le ocurre a ciudadanos
residentes en ese vasto territorio de la España de interior, la que no es
turística, la envejecida, la que sigue con su esquema tradicional del
cultivo de la tierra, de la ganadería, de las pequeñas producciones y
sencillas aspiraciones. La noticia salta con la eliminación de los
servicios de urgencia en Castilla La Mancha, pero hay muchos más ejemplos
que testimonian que vivir en lo rural te hace ser persona con menos
derechos. Fomento va a suprimir las líneas “deficitarias”, todas con
trayectos entre poblaciones periféricas. Según los cálculos realizados,
las urgencias manchegas apenas suponen un coste de un millón de euros, y
la supresión de los trenes, treinta y dos millones (el aeropuerto cerrado
de Ciudad Real costó más de quinientos). Ya no hablemos de fibra óptica,
cobertura móvil y demás adelantos. Si a un pueblo como Calañas, le quitas
su línea de tren, y no garantizas una sanidad aceptable, estás condenando
directamente a toda ese gente mayor, que quiere seguir viviendo en su casa
y no tiene coche, a vivir angustiada ante una enfermedad y a vivir
aislada.

Recortar en la España pobre y pequeña de interior es ruin, insolidario y
de “nuevo rico”, es como si de pronto quisiéramos esconder algo que
recuerda a un pasado que algunos no quieren reconocer, y eso es como no
respetar a tus abuelos por ser analfabetos. Pues no, es necesario defender
ese otro ritmo de vida, esa gente que guarda la sabiduría heredada,
además, no es ahí donde está el despilfarro.

En Alaska, junto al mar de Bering, vive una pequeña población de
esquimales que quieren seguir arraigados a su hábitat natural, pues bien,
el gobierno americano, manda cada invierno a una persona con la única
misión de mantener el generador eléctrico que permitirá que la pequeña
población mantenga un mínimo confort, con una calefacción indispensable
para sostener, por ejemplo, el colegio, y ya se sabe que con niños la
continuidad está asegurada.

No hay crisis que excuse este empeño en seguir destruyendo hábitats. Las
personas tienen derecho a vivir en el lugar donde nacieron, y no le
preguntes a nadie porqué vive en el lugar donde nació.

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Victor Rodríguez

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