Los éxitos sociales del sandinismo se traducen en las urnas

¿Victoria sandinista? ¿Una derecha que es mala perdedora? ¿Fraude masivo? La duda se ha instalado en esta coyuntura política en Nicaragua. Desde las elecciones municipales del pasado 9 de noviembre crece la tensión e incluso ha explotado la violencia en algunos lugares del país. La campaña de desestabilización continúa.
En ese clima enrarecido, no es fácil hacer el balance lineal del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en los recientes comicios municipales por tres razones. En primer lugar, la oposición no acepta los resultados y grita “¡fraude!”. Por otra parte, el pacto entre Daniel Ortega y el ex – presidente Arnoldo Alemán siembra desde hace tiempo la desconfianza hacia un cierto tipo de institucionalidad. Tercer problema, los errores de tratamiento político del Ejecutivo hacia la oposición y hacia los disidentes sandinistas, complican un escenario nacional de por sí complejo.{{VICTORIA ELECTORAL EVIDENTE}}

Según datos oficiales actualizados al 20 de noviembre, el FSLN ganó en 106 de las 146 municipalidades en disputa. Hay que recordar que en 7 municipios de la Costa Atlántica norte los comicios fueron postergados a enero del 2009 a causa de los daños provocados por el huracán Félix que azotó esa región el último septiembre.

Resultado que significa que el FSLN obtuvo 19 alcaldías más que en el 2004. En cuanto a la oposición de derecha, el PLC, Partido Liberal Constitucionalista, de Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán, gana 36 municipios. La Alianza Liberal Nicaragüense, disidente del PLC, controla 4.

Luego de dos años de ejercer el Gobierno central, no hubo voto sanción como muchas veces sucede en ejercicios similares. El FSLN avanza 5 puntos a nivel nacional. Y gana con más del 50 % de votos 8 de los 16 departamentos en disputa (sobre un total de 17) y 80 de las 100 municipalidades que controla.

Por otra parte, el FSLN asegura su mejor progresión (de hasta 10 puntos en algunos casos) en los departamentos rurales, incluso en aquéllos en que nuevamente gana la oposición.

A nivel de porcentaje el Frente retrocede solamente en 25 de las 146 municipalidades. Retroceso sin incidencia real, dado que en veinte de las mismas asegura, en todo caso, más del 50 % de los votos. Una victoria contundente.

El único consuelo para la oposición es su victoria en 3 capitales departamentales; conserva Bluefields, y le arranca al FSLN Granada y Boaco.

{{EL “BOTIN” EN DISPUTA : MANAGUA}}

En lo que respecta a Managua, la capital y principal bastión de disputa, la derecha no acepta su derrota y denuncia, desde el mismo domingo 9 de noviembre, un supuesto fraude electoral.

En la capital, el PLC presentó como candidato al banquero Eduardo Montealegre, desbordante de diplomas y títulos de universidades norteamericanas, quien contó con el apoyo de los principales grupos de poder económico nicaragüense, así como de los Estados Unidos. En el “otro rincón”, el FSLN propulsó como candidato a Alexis Argüello, quien apenas concluyó sus estudios primarios, ampliamente conocido – y querido popularmente- por haber obtenido tres veces una corona mundial de boxeo. En síntesis, una confrontación emblemática de clases transportada al terreno electoral.

Según los resultados oficiales, Alexis Argüello obtuvo un 51 % de las boletas contra un 46 % para Montealegre. Derrota categórica, contestada sin embargo por éste, interesado en mostrarse como “víctima” y adversario aguerrido. Tratando así de arrebatarle estratégicamente el liderazgo político de la derecha opositora a Arnoldo Alemán, abandonado por los Estados Unidos debido a los comprobados casos de corrupción, lo que le convierten en indecente figura política de futuro.

El electorado sandinista está frustrado pues a pesar de un nuevo recuento de votos en Managua aceptado por el Consejo Supremo Electoral (CSE), quien confirmó la derrota de la derecha, ésta continua a negar, desconocer y ensuciar la victoria del FSLN.

Lo que provoca la indignación sandinista, ya que en 1990, Daniel Ortega reconoció inmediatamente –y dignamente- su derrota que ponía fin a 11 años de revolución popular. Una vez más, en 1996, y a pesar de las groseras irregularidades de Alemán, el sandinismo aceptó perder en las urnas.

{{POLARIZACION POLÍTICA, RESPONSABILIDAD DE TODOS}}

Los corolarios electorales alimentan en los últimos días la campaña de desestabilización contra el Gobierno, en la que participan la oposición de derecha, la mayor parte del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), el embajador estadounidense, algunos de los países de la Comunidad Europea, los grandes medios nacionales e internacionales de información y ciertas ONG, denunciadas en los últimos meses por Daniel Ortega, por ser “instrumentos de la oposición y del imperialismo”.

Frente a esta campaña, Nicaragua y los países de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) contraatacan. Llevando en las últimas horas a la OEA la denuncia de parcialidad de José Insulza, su Secretario General, a quien acusan de alimentar dicha campaña de desestabilización al criticar el reciente proceso electoral.

La polarización política alcanza proporciones inquietantes en los últimos meses, en un país donde las sombras de la guerra no terminan de disiparse.

Rosario Murillo, esposa del presidente Ortega, coordinadora de los Consejos de poder Ciudadano y responsable de la comunicación del Gobierno, impulsa un combate frontal contre el movimiento feminista. Éste, defiende el derecho de las mujeres al aborto terapéutico, en tanto que Murillo, pretende representar la “cultura” de las mujeres del pueblo, quienes se opondrían al aborto, coincidiendo así con la jerarquía católica romana.

Un grupo de las denominadas ONG “políticas” -contando a su disposición con recursos de la cooperación europea y de grandes agencias norteamericanas- ha promovido programas de “incidencia política” contra lo que ellas califican el “autoritarismo del Gobierno”. Y promueven iniciativas y movilizaciones tendiendo a revertir el voto reciente del parlamento que prohíbe el aborto, incluso el terapéutico.

El círculo dirigente sandinista paga así un precio a la visión vertical hacia su militancia e impositiva hacia los disidentes – provenientes del sandinismo. En una dinámica cerrada en que la crítica a la conducción puede llevar al ostracismo, al insulto o a ganarse automáticamente el sello de “enemigo”.

Una ceguera peligrosa, de uno y otro lado del espectro político, que potencia la polarización interna y el ataque contra el Gobierno de Reconstrucción y Unidad Nacional que debe gestionar un país casi desahuciado luego de 16 años de excluyentes políticas neoliberales.

En ese contexto, funcionarios oficiales buscaron pretextos jurídicos para presionar a ONG que no respetarían sus estatutos o para impedir al MRS y al Partido Conservador de participar en las municipales.

El MRS se alineó en la posición “todos contra Ortega”, llamando casi en su conjunto a votar a favor de la derecha y de los grupos de gran poder económico que ésta representa, aliándose con el candidato burgués Montealegre. Una posición incomprensible difícil a digerir en el FSLN.

Contexto enrarecido en el que el Gobierno encuentra argumentos para denunciar la injerencia imperialista, no sólo a través de la oposición sino también de las ONG y de los “líderes” de la “sociedad civil”. Ingerencia similar, según la lectura oficial, a la que viven procesos progresistas latinoamericanos, como el de Venezuela, Bolivia o Ecuador. Esas ONG y la disidencia sandinista (MRS), casi en su conjunto, entraron así en la trampa tendida por algunos de sus financiadores de dudosa reputación.

El electorado, sin embargo, mayoritariamente, no parece haber entrado el pasado 9 de noviembre en el debate de superestructura ni en la campaña anti-gubernamental. Y los resultados demuestran que los programas sociales y energéticos impulsados por el sandinismo en el Gobierno son más importantes que la polarización política circunscrita, finalmente, a las elites de Managua.

{{LOGROS DEL SANDINISMO}}

Si el impacto de la guerra de los años ochenta había dejado huellas casi irreversibles en la economía nacional, la “guerra del desmantelamiento social”
implementada por los sucesivos gobiernos neoliberales posteriores (1990-2006) tuvo consecuencias no menos dramáticas.

El programa sandinista en estos últimos casi dos años, a lo interno, intentó reorientar una buena parte de las prioridades presupuestarias hacia los sectores sociales más desprotegidos. Esfuerzo acompañado con decisiones políticas como la reducción a menos de la mitad de los “mega-salarios” de la administración, con el techo de 3000 dólares mensuales para el ejecutivo.

La “desprivatización” o re-nacionalización de la educación y la salud, constituyeron dos de los pilares programáticos de esta nueva etapa. A través del programa “Yo sí Puedo” –con el apoyo cubano y venezolano- se logró reducir el analfabetismo de un 23 % (2006) a un 13 % en 2008. El objetivo sandinista es llegar a julio del 2009 con un país sin analfabetismo.

La salud nuevamente pública tuvo impactos sorprendentes. Según datos oficiales presentados en el Foro Social Mesoamericano el último verano, se ejecutaron en apenas 18 meses, 25 mil operaciones de cataratas a través de la “Operación Milagro” con apoyo total cubano. Las consultas médicas aumentaron un 50 % en igual período en tanto las intervenciones quirúrgicas en general se incrementaron en un 37 %, todo sobre la base de la gratuidad. La tasa de mortalidad por cada 100 mil niños vivos descendió en estos últimos meses de 90 a 79.

Esfuerzo de recuperación completado con el Programa Hambre Cero que en los primeros 18 meses de gestión sandinista benefició a más de 32 mil familias y anticipa el apoyo a 15 mil más en el 2009.

El bono productivo equivalente a 1500 dólares incluye una vaca y un chancho, aves de corral, semillas e instrumentos para trabajar la tierra. Sobre la base de un 25 % que cada campesino está obligado a devolver se alimenta una “Caja rural”, suerte de fondo rotativo que realimenta el programa.

La valores macros indican una recuperación significativa. El Producto Interno Bruto a partir de la llegada al gobierno del Frente Sandinista (FSLN), pasó de 950 a 1023 dólares. Las exportaciones, especialmente de alimentos, aumentaron sensiblemente en igual período, uno de los resultados del aumento del crédito campesino que se triplicó.

El país intenta, con el apoyo principalmente de Venezuela y el ALBA, de hacer frente a la crisis energética dramática que condenaba al país a cortes de hasta doce horas de luz por día. La situación, aunque no totalmente resuelta, va mejorando, y la creación de una empresa mixta nicaragüense-venezolana en ese rubro aporta perspectivas fiables de un suministro petrolero futuro, básico, asegurado.

Cae el telón electoral en un país que conoce desde lustros la lucha intestina, la polarización política y la confrontación. Pero donde predomina, también, un claro “instinto” popular de apoyo en las urnas a propuestas realistas y prácticas. Sean del fin de la guerra (1990) o de mejoras sociales (2006). Y donde los amplios sectores populares, al margen del choque de elites, reconocen en los logros sociales concretos el mejor programa político de un sandinismo que sale reforzado de las municipales del 2008.

*distribuido por E-CHANGER, ONG de cooperación solidaria.

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