Los “hippies” de la Plaza

Cuando comenzaron las obras de la Plaza de las Monjas nos llevamos las manos a la cabeza porque tenían el proyecto de talar los fantásticos ficus que, desde hace mucho tiempo, la adornaban. La cosa se quedó en tablas: dos árboles cortados a dos árboles que no lo fueron. Cuando han terminado las obras nos hemos encontrado que también habían desaparecido los “puestecillos”. Para encontrar a los “hippies” de la Plaza de las Monjas nos tenemos que ir a un raro rincón de Pablo Rada, al mismo donde fueron trasladados por motivo de las obras. Y denuncian que el ayuntamiento tiene intención de dejarlos allí. O, en todo caso, trasladadarlos a otro lugar que no sea el original. Y parece ser que no es lo mismo. Ellos pagaban tasas, impuestos y todo lo que tenían que pagar desde hace ya varios lustros, y permanecían en la transitada plaza porque era el espacio donde hacían negocio. Ahora no venden nada. O muy poco. Insuficiente, en todo caso. Son unas pocas familias que habían encontrado en ello una honesta forma de ganarse la vida y ahora están pasando unos apuros importantes. Denuncian que alguien en el ayuntamiento les ha dicho que ese no es su problema. Si eso es cierto es una concepción un tanto rácana de la política. Que se trata de construir espacios “muy bonitos” que no pueden ser ensuciados con presencias como la de estos vendedores. Que los espacios públicos sólo hay que construirlos, no dotarlos de vida y que, en todo caso, si han sido afectados por la obra, ha sido sólo una cuestión de mala suerte. Cutre cinismo.

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Javier Rodríguez

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