Los niños de Chernobil

Además de escuchar a un ex-ecologista o a los trabajadores de la Central Nuclear de Garoña el gobierno podría escuchar a los treinta y dos niños de Chernobil que durante este verano se “sanearán” en la Sierra de Huelva antes de tomar la decisión de cerrar o no una central de la que caduca su licencia y que no parece que aporte demasiado a la producción de electricidad nacional. A lo mejor un argumento así les suena a demagógico, pero es que a mí no me deja de sorprender que todavía hoy niños que ni siquiera habían nacido cuando aquel accidente sigan expuestos a sus consecuencias. La energía nuclear no da más puestos de trabajo que la fotovoltaica, pero sí más residuos, y más riesgos. Parecería un problema de Burgos, pero Chernobil demostró lo que estrecha las distancias un accidente de este tipo. Así que también desde aquí nos podemos sumar a la demanda del cierre de Garoña. Nucleares no.

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Javier Rodríguez

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