Los otros difuntos

He pasado hace poco por la puerta del cementerio de La Soledad, y percibí el aire tenso y expectante de los lugares que se aprestan para una celebración. Los puestos de flores rompían en una explosión de color, el aparcamiento estaba lleno de coches y en la puerta se reunían grupos de personas con útiles para limpiar y embellecer las lápidas de sus difuntos. Aunque no viniera a cuento me sentí reconfortada por la imagen, por la tradición prolongada a golpe de memoria y recuerdos, porque se acerca el día en que nuestros muertos se sienten más vivos entre nosotros. Y no pude evitar pensar en otros difuntos, los que nunca tuvieron lápida ni flores, los que nunca pudieron ser recordados con nada tangible por familiares y amigos. Con los muertos sin tumba, con esos muertos de La Palma o de Rio Tinto, enterraron no sólo una página infame de nuestra historia sino también la posibilidad del recuerdo sereno, de cerrar las heridas. Echaron tierra encima sobre ellos y sobre una verdad que jamás nos deberían haber hurtado. Esos difuntos que nunca existieron pronto tendrán su lápida y sus flores. Y ojalá que su memoria nos pertenezca a todos

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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