Los poceros

Paco El Pocero se asomó a nuestras vidas como el prototipo del dinero fácil y el mal gusto a base de construir en cualquier lugar y con los escrúpulos justos. Y ahora que la cosa empieza a no ser rentable, sino todo lo contrario, se nos devuelve su chabacana figura con el aderezo del fracaso. En nuestra provincia también recogemos ahora los frutos de unos planes urbanísticos no siempre lógicos, ni ecuánimes o realistas. Pero lo que resulta curioso es que se nos intente vender el presunto delito urbanístico asociándolo a un partido político, cuando unos y otros tienen mucho que callar. Más que de color político habría que hablar de la tentación del dinero fácil o los delirios de grandeza, para convertir el litoral, o zona con encanto, en botín con el que hacer caja. Todo crecimiento urbano debe ir acompañado del movimiento natural de la población. Pero aquí hay algunos que han querido hacer pasar por gigantes lo que eran simples molinos. El tiempo pone a cada uno en su sitio, pero las barbaridades urbanísticas prevalecen, porque casi nunca se tiran.

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Victor Rodríguez

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