Los silencios eternos

No pasa nada. Es cuestión de aguantar y callar. Sabemos que lo que pasa es fruto de lo que pasó, de aquella descolonización chapucera en las postrimerías del régimen. Desde entonces son un pueblo sin patria, alojados en el desierto de Argelia, soñando con volver, viendo como Marruecos incumple una y otra vez las resoluciones de la Onu, ante la pasividad cómplice de la comunidad internacional. Ayer desalojaron un campamento que trataba de poner en las agendas el conflicto, Marruecos actuó con mortal contundencia, pero no pasa nada. Tienen amigos, gente que le debe favores, corporativismo regio al otro lado del Estrecho. Es cuestión de esperar. Callar y esperar. La ira atizada de la gente pasa, como las tormentas, y queda la calma de la rutina en el desierto, de las promesas incumplidas, de la limosna en forma de caravanas que no logran romper el inmediatismo. Eso es el Sáhara: callar y esperar. Enterrar a los muertos y seguir como si nada. Con tantos amigos con vocación de cómplices Marruecos seguirá ocupando ilegalmente el Sáhara, y todos calladitos.

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Gonzalo Revilla

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