Luces por dentro

Los argumentos del Ayuntamiento de Huelva para reducir el alumbrado navideño a la mínima expresión son sensatos: con tantas familias onubenses pasándolo mal, las luminarias encendidas serían una mueca sarcástica, un gesto en el que la falta de solidaridad brille más que las bombillas. Así que valoremos la decisión responsable del consistorio, que por esta vez ha pensado en las personas antes que en la imagen de gloria y poderío que transmiten tantas luces a la vez.

Agradecerán esta decisión los empleados municipales, muchos de los cuales ven amenazado su puesto de trabajo. Igualmente asentirán las pequeñas y medianas empresas, agobiadas por la deuda impagada de las administraciones. Lo agradeceremos también los ciudadanos, que preferimos sin duda que se gaste el dinero en servicios públicos de calidad, esto es, no privatizados y que cubran dignamente las necesidades colectivas. Finalmente lo reconocerán como señal positiva todas aquellas personas que se preocupan por el desorbitado gasto energético, de tan nefastas consecuencias en todo el planeta. De hecho, justamente en ese gesto de apagar la luz durante una hora en las principales ciudades consiste el evento mundial que desde hace años pretende concienciar sobre el calentamiento global.

La conciencia ambiental no figura entre las razones del gobierno municipal. Una lástima. Sin embargo los ediles sí han sido sensibles a la contradicción entre el despilfarro de la ornamentación navideña y la penuria de muchos hogares onubenses: ese es un cambio interesante. Y, si tan positiva es la decisión de no iluminar las calles de Huelva, ¿se mantendrá esta tónica en años sucesivos? Más aún, ¿se extenderá la responsabilidad a otros gastos superfluos, como publicidad, dietas desmedidas, asesores, móviles…?

A la primera pregunta ya han respondido los comerciantes del centro, que están en contra de la medida porque creen que afecta al consumo y se verán perjudicados. Quizás habría que pensar si esa no es justamente la clave de la crisis, una maquinaria consumista que nos lleva a vivir por encima de nuestras posibilidades mientras buena parte de la población mundial no dispone ni de lo necesario. En cuanto a la segunda cuestión, se responde observando cómo hay gastos que no brillan tanto como las bombillas y levantan menos rechazo social. Es decir, que la supresión del alumbrado navideño es una medida llamativa pero vacía. Y será arrinconada en cuanto se pueda.

Más allá de la coyuntura económica, la ausencia de luces debería iluminar -disculpen la metáfora fácil- otro tipo de escenario, más solidario, más colectivo, donde los problemas de unos afecten a todos. Un escenario donde las luces brillen por dentro. Pero ese planteamiento ya no resulta tan políticamente correcto.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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