Madiba

“Amigos ayer del Apartheid, hoy compiten cínicamente por simular amistad” (Fidel Castro a Nelson Mandela).

Efectivamente, en los tiempos sombríos del Apartheid la mayoría de los estados occidentales dieron su apoyo a los gobiernos segregacionistas que prohibían que los negros participaran en el gobierno, montaran negocios, salir de las zonas asignadas para los negros -casi siempre suburbios sin agua corriente ni electricidad- o, simplemente, votar. Sin ir más lejos, los Estados Unidos de América apoyaban ese régimen con armas y dinero, aunque formalmente se manifestaban en contra.

Sin embargo, estados como Cuba, Angola o la antigua Unión Soviética no sólo mostraron su frontal rechazo al Apartheid sino que dieron apoyo firme y real a la lucha de Mandela y los suyos.

Concediendo el beneficio del arrepentimiento vamos a creer que todos los que apoyaron la situación de aquellos sombríos años de Sudáfrica se han arrepentido de ello y que las muestras de condolencia de estos por la muerte de Nelson Mandela son sinceras.

Lo que no puede ser de recibo es que gobiernos como el español -con políticas tan racistas como la reforma del Código Penal, que vuelve a desempolvar medidas como el destierro para los que no tengan pasaporte español, que llena la valla que separa Melilla de Marruecos de cuchillas, que mantiene abiertos los criminales CIEs o que alienta las redadas racistas por parte de los cuerpos de Seguridad del Estado- salga a ensalzar la figura de Nelson Mandela. Eso es un cruel cinismo.

Tampoco es de recibo que los que alimentan el odio, los que son incapaces de reconocer al perdón la condición de bálsamo para que una sociedad avance, los que jalean las cadenas perpetuas y el eterno debate de la mano dura al terrorista, vengan ahora a ensalzar a quien representa el espíritu de la reconciliación, a quien, mejor que nadie, supo perdonar a los que mataron y maltrataron a los suyos y le mantuvieron encerrado durante casi treinta años.

Incluso los que comparan la transición española con la caída del apartheid obvian el “pequeño detalle” de que aquí nunca hubo una “Comisión para la verdad y la reconciliación” que sacara a la luz las violaciones de los Derechos Humanos cometidas por el anterior régimen y que impulsara la Justicia Restaurativa.

Reconocer el legado de Madiba es reconocer sin concesiones la lucha contra la intolerancia y por la reconciliación.

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Javier Rodríguez

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