Mala prensa

Me ponen nervioso las entrevistas agresivas: sea el entrevistado más cercano o más alejado a lo que yo pienso me parece que es importante dejar que se exprese, incluso, fíjense lo que les digo, que mienta o que oculte información. En todo caso se debería dejar expresar al entrevistado su opinión y no creo que la función del periodista, presentador… sea la de expresar la suya durante el tiempo que dura la entrevista. No estoy hablando de esa complacencia que muestran estos con “los suyos”, eludiendo preguntas espinosas o asuntos escabrosos. No se trata de eludir nada, se trata de dejar responder al protagonista de la entrevista -que no es el entrevistador- y que el espectador juzgue si le están mintiendo, ocultando algo o, simplemente, dando una opinión contraria a la suya.

Ya habrá tiempo en tertulias, reportajes o entrevistas a personajes con otro punto de vista a entrar en el sano debate, contraste… Pero no, es como si el estilo que viene imponiéndose desde hace varios años en la prensa rosa o deportiva se extendiera a la prensa “seria”. Lo que se agrava con la fragmentación de la información que imponen los formatos rápidos, de eslóganes o aforismos de no más de 140 caracteres. Ya no se prepara una entrevista con el objetivo de obtener una sugerente información, que nos haga comprender mejor la realidad, se trata de obtener argumentos a favor de mis tesis o lo que es peor, las tesis de mis jefes. Y, sobre todo, se trata de tener preparadas unas pocas frases cortas que luzcan bien en twitter.

Claro que no ayuda demasiado a comprender la realidad un momento en el que la rebanada de en medio de un bocadillo que se vende en una lucrativa cadena de supermercados, la vestimenta de algunos diputados o la fiebre por Pokemon Go ocupan más espacio en los telediarios que los avanzados trámites para la imposición de una multa al Estado Español que acarreará un severo recorte en programas sociales, el chorreo de muertes en el Mediterráneo, los desahucios, las colas de los comedores sociales o las negociaciones del TTIP.

Hace unos años un periodista me recomendaba ser muy crítico con la información -incluso con la que él firmaba, decía-: contrastar la información, saber de dónde viene, qué intención hay detrás de la publicación de unas noticias y la no publicación de otras. El contexto económico, político y mediático parece hacer hoy más necesario que nunca seguir ese consejo.

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Javier Rodríguez

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