Manifestaciones

Estaba reventada pero satisfecha. Había logrado terminar esa maratón que empezó el jueves participando en la manifestación por la Educación y acababa de terminar este domingo en la manifestación en defensa de la Sanidad Pública. Había estado el viernes por la tarde gritando consignas contra la violencia machista. El sábado se montó en un autobús que la llevó a Doñana a unirse a la protesta contra los depósitos de gas en el Parque Nacional y en defensa del patrimonio que representa ese espacio natural. Y a la vuelta se había pasado a tomarse una cerveza en la fiesta aniversario de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

Se acordó de algo que había pasado en mitad del recorrido. Una tontería, sí, pero que le hacía pensar. “¿Por qué tanta manifestación de golpe? ¿Por qué no había participado en ninguna concentración en casi dos años? ¿Servía de algo?” Esas eran las preguntas que un periodista le había zampado, con una grabadora en la mano, en mitad de una de las manifestaciones. En aquel momento respondió lo primero que se le había venido a la cabeza: que imaginaba que no había habido tiempo entre tantas elecciones, que ahora había que recuperar el tiempo perdido y que ¡cómo no!

Cómo no iba a servir de algo. En Educación ya se había logrado parar lo de la revalida y había que azuzar a los políticos para que llegaran a un Pacto de Estado por la Educación Pública, con la Sanidad no quería ni pensar lo que harían los que quieren privatizarla si no tuvieran en contra a la opinión pública. Doñana no se iba a poder defender sola y es un patrimonio demasiado valioso como para permitir que se lo carguen las multinacionales amparadas por Felipe González y si en el Parlamento no quieren escuchar eso, tendrán que hacerlo en la calle.

Con la violencia machista tenía más dudas. El enemigo es más difuso y no se puede enfrentar sólo con leyes o políticas. El enemigo es una ideología demasiado extendida que justifica no sólo un asesinato (hay quien llega a hacerlo), sino una violación (también los hay, ya saben: “es que van provocando”), una paliza (ya son más: “algo habrá hecho”) y, sobre todo, la discriminación, el acoso… por los que empieza todo.

Hubiera preferido pasar el fin de semana tranquila en casa. Pero mientras sólo se permita participar en la elección de los gobernantes, la calle será el único instrumento para expresar la voluntad popular en los asuntos que nos conciernen.img_20161127_131231

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Javier Rodríguez

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