Marcha en Sevilla contra la OTAN

{{Comienza la marcha}}
_ Mucha gente, muchos colores, la marcha recordaba a las que anualmente se convocan a la Base de Rota, antimiliarismo que viene de lejos, y que aún hoy recuerdan irritables aquello de Otan No. Pues eso, mucha gente: se despliegan las pancartas, se saludan los viejos conocidos, se conectan los altavoces de las furgonetas, y se alinean festivos tras la pancarta de cabecera. Comenzamos a andar, camino del Parlamento Andaluz.

{{Arcoiris o chiringuitismo}}
_ “No te pongas cerca, que no queremos que nos confundan”, decía alguien verde a alguien rojo. De fondo, las viejas rencillas. Como argumento el purismo que a veces nos socaba la tierra bajo los pies a la izquierda. Es un arcoiris lo que hay que formar, lo que hemos de ser juntos. Pero a veces pretendemos que nuestro color, el único verdadero, no se «confunda» con otros. Eso va en contra de la necesaria búsqueda de alianzas, imprecindible para alcanzar victorias significativas en las luchas sociales. Que cada uno sea todo lo purista que quiera en la intimidad, pero cuando caminamos juntos bajo un mismo lema no podemos mostrar ni generar fisuras. Una vez en la calle no queda lugar para la división. Aquí, sobre esta cuestión, siempre queda mucho trecho que recorrer. Pero la búsqueda de alianzas no es sólo un estrategia, es la {única} manera de avanzar.

{{Luchas globales, conectadas}}
_ Hemos aprendido a conectar las luchas, y se detecta una visión más global. Al final de la Manifestación se informó de la {{«Agenda Global»}}, del calendario de movilizaciones para este 2007: Deuda Externa, Antimilitarismo, Comercio Justo, Indigenismo… Se van enlazando sutilmente las luchas de uno y otro lado del planeta, se van acercando sensibilidades y comprendiendo los matices. Vamos siendo una red alternativa, con dimensión política y trabajo de calle, en la base pero también en los Parlamentos y en las Agendas Políticas.

{{Agentes de transformación}}
_ Cada uno de los que estaba en la Manifestación venía (y volvería) a un contexto doméstico, un pueblo, un barrio, un espacio de trabajo y relaciones. Es ahí donde somos más eficaces, más transformadores a largo plazo. En ambos sitios hay que hacer posible ese mundo que soñamos. En la calle, cuando sacamos las banderas, hacemos fiesta y denunciamos lo grosero de las guerras y las injusticias. Pero sobre todo en la {{ética}} del comportamiento diario vamos contagiando ese sueño, para que cada vez seamos más y con más incidencia. Y es desde esa ética desde la que argumentamos lo que más tarde sacamos a la calle, una especie de laboratoria que confirma o desmiente que {otro mundo es posible}

{{Mucha literatura}}
_ Por eso sí, papeles los que quieras. Es simpático el ir y venir de gente que te ofrece (algunos previo pago) todo tipo de publicaciones alternativas, revistillas en fotocopias o papel satinado, de las más cutres a las más cuidadas: intensa literatura que argumenta contra toda esta locura del neoliberalismo dominante y sus tremendas consecuencias socioambientales. Eso sí: se queda pendiente aún la literatura propositiva y esperanzada. Se nos pide, cada vez más, mostrar el mundo posible que queremos, salir del derrotismo y hablar de posibilidades, de avances reales, de “zonas liberadas”.

{{Más policía}}
_ La presencia policial era notoria. Querían que fuera notoria. Está claro que su función no es tanto velar por la seguridad de la ciudad, sino hacer ver que la gente que se manifiesta en contra son «peligrosos». Acompañaron a la comitiva desde cada esquina, había controles en todos los accesos a la ciudad: asustan. Hacen ver que algo terrible está latente, que esos manifestantes con banderas de colores, gritando paz, con sus hijos pequeños al hombro, pues que esos son en realidad peligrosísimos desestabilizadores del sistema, del planeta, incluso de orden del universo. Cuando escribo esto ya hay detenidos: una abogada del SOC, ya ven cuantos conspiradores. Esto va a ser, está siendo, la compañía habitual en cada acto de los movimientos alterglobalización: un despliegue policial desproporcionado, destinado a ser visto, a lanzar un mensaje de inseguridad y miedo. Es importante, por lo tanto, dejar claro que somos peligrosos, pero por otras razones que no se evitan con porras y bolas de goma.

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Gonzalo Revilla

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