Más que una casa

El de la vivienda es un ejemplo de libro para comprobar cómo operan los cambios sociales en situaciones críticas. Hace unos años no se veía con malos ojos que alguien comprara un piso barato, esperara tranquilamente sentado y luego lo vendiera a casi el doble. El especulador contaba con la bendición de la cultura del pelotazo y de la falta de valores éticos de una sociedad que prefería taparse la nariz ante los malos olores que ella misma producía. Hoy día se perciben signos distintos: los desahuciados ya no son personas con estigma, sino víctimas de una situación injusta, se habla de expropiar inmuebles, y hasta se propone que los alquileres sociales se puedan pagar con trabajos comunitarios.

Evidentemente las cosas han cambiado. El grito de las corralas sevillanas se ha convertido en un clamor: la vivienda no es un lujo, es un derecho. Un derecho tan básico como la asistencia sanitaria, la educación o la propia información libre y veraz en que se asienta la democracia. Si no, no se entiende que el ayuntamiento haya votado por unanimidad subir el IBI de los pisos vacíos que pertenezcan a entidades bancarias. Es posible que los ediles gobernantes hayan puesto antes el ojo en el incremento de los ingresos públicos que en el espíritu de la iniciativa de IU, que consagra la función social de la vivienda e insta a la administración a poner medios para hacerla efectiva. Es posible que todo sea una componenda de cara a la galería, pues entre el dicho y el hecho ya sabemos cuán largo es el trecho, sobre todo si andan por medio comisiones que deben “estudiar” el asunto. Y es posible que los bancos, que saben tanto de leyes como de trampas, busquen de aquí a 2015 la fórmula que les permita dar esquinazo a las ordenanzas municipales.

Sí, puede que finalmente todo quede en nada. Pero hablamos de algo más que de una casa: la especulación ya no es moneda de cambio, ni se acepta con indiferencia que haya más de ocho mil viviendas vacías en la capital mientras existen personas que viven en la calle, o familias que a diario se ven amenazadas con un desalojo. Una sugerencia para la comisión que deberá solventar las cuestiones técnicas de la medida: estudien recargar todavía más a quienes alquilen inmuebles destinados a usos públicos despilfarrando el dinero de los ciudadanos. Sobre todo si nos hacen pasar por la indignación de seguir pagando el alquiler de un palacio vacío.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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