Me resisto a callar

Att: a la Conferencia Episcopal Española y a los Obispos del SurSeñores obispos, creemos que es nuestro deber y nuestro derecho hablar. Más aún, creemos que es una irresponsabilidad grave callar y dejar pasar. Nos referimos al caso de {{Inmaculada Echevarría,}} de 51 años, que padecía distrofia muscular progresiva, y que falleció hace unos días. Estaba siendo atendida (durante diez años), en un Hospital de San Juan de Dios (gestionado por la Iglesia con fondos públicos), pero las presiones de las jerarquías de nuestra Iglesia (el mismo Vaticano ha intervenido) forzaron su traslado, en el último momento, a un hospital público. Allí le fue retirado el respirador: un procedimiento dentro de la actual legislación, y que no puede ser considerado “eutanasia”. E Inmaculada Echevarría falleció.
Señores obispos, nos resistimos a callar, porque entendemos que nuestra opinión como creyentes y como ciudadanos ha de ser tenida en cuenta a la hora de adoptar posiciones que nos afectan a todos, porque afectan a la credibilidad y a la imagen de la Iglesia en su conjunto, a la que pertenecemos.

Por eso queremos subrayar algunas cuestiones:

-Nos parece {{poco evangélico}} y muy doloroso haber forzado el traslado de la enferma a un hospital público, después de 10 años acompañando a Inmaculada en su proceso de deterioro y enfermedad.

-Nos parece {{poco respetuoso}} hacia el Comité de Bioética del Hospital desoír su opinión, y contradecir un criterio que imaginamos acorde a la legislación vigente, pero también acorde al ideario del Centro Hospitalario, y por tanto acorde que los planteamientos cristianos.

-Nos parece {{poco riguroso}} el querer confundir este caso con la “eutanasia”, un debate que de por sí ya es complejo y lleno de aristas. Entendemos que hay expertos acreditados dentro de la Iglesia, con un recorrido amplio en cuestiones bioéticas: va siendo hora de hacer un debate interno sobre esta cuestión, y dejar de airear contradicciones.

-Nos parece {{poco humanitaria}} la condena y culpabilización de enfermos terminales. Nuestra defensa de la vida como valor supremo ha de ser razonada, y no convertirse en una carga para los enfermos, en una causa más de complejos de culpa.

Por todo esto, los abajo firmantes, creyentes y miembros de la Iglesia Católica, nos sentimos en la responsabilidad de hacerles llegar estas reflexiones. Estamos ante un debate social amplio, complejo, y es importante acertar, escuchar y madurar las posturas. Esperamos sinceramente que tengan en cuenta nuestras aportaciones. Atentamente:

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Gonzalo Revilla

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