Medico de pueblo

Ser médico de pueblo ya no es lo que era. Esa figura que formaba la élite junto al cura y al teniente de la guardia civil ya desapareció. Aquel médico de familia, aquel “don Fulanito” al que podríamos poner muchas pegas -la fundamental, muchos no podían costearse sus servicios- pero que daba un trato cercano y asequible a sus pacientes, ya es historia y parece que sus actuales sucesores no tienen en mucha estima esos destinos rurales, tan alejados de los centros de poder, con tan pocas posibilidades de promoción, … Lo sabemos bien en muchos pueblos de Huelva donde hemos asistido a escenas surrealistas, como la que recientemente ha sucedido en Hinojales, provocadas por la rebaja de criterios de selección, forzada posiblemente -que no justificada- por el desinterés de los facultativos en cubrir las plazas de las zonas rurales más alejadas de la capital. Es un problema de difícil solución que se une a los otros muchos que provoca la lejanía con los centros de poder y a los que va lastrando nuestra sanidad. Urge la búsqueda de soluciones imaginativas. Se tienen que ofrecer todos los servicios a toda la población. Por muy lejos que viva.

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Javier Rodríguez

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