Mejor no me lo cuentes

Me meteré por un momento a crítico televisivo. Un subgénero periodístico del que, lo reconozco, no tengo ni idea. El caso es que el otro día se me ocurrió ver el último capítulo de una serie que se emite en el canal público estatal: “Cuéntame”.

Uno de los motivos que me animó a ello es saber que, puesto que uno de los protagonistas de la serie había sido encarcelado, los productores del programa televisivo, por fin, parecían animarse a tocar uno de los “temas pendientes” de la democracia: el sistema penitenciario. Y poniendo el foco en uno de los momentos más oscuros de ese sistema. Oscuro no sólo por lo que dentro de los muros de las prisiones pudiera pasar, sino porque son ya muchos los años en los que se ha puesto el oscuro velo sobre lo que pasó dentro de ellos en los primeros años de la democracia.

Pero nada. El capítulo de la serie abunda en los tópicos, en los clichés sobre los presos: en lo pendenciero, lo peligroso, lo mezquino que “eran” estos. Nada de cuestionar un sistema que se llevó por delante la vida de cientos (¿de miles?) de chavales. El oscurantismo reinó en la época y parece que sigue habiendo interés en que eso siga siendo así. El dedo acusador de muchos presos señalaba a sus carceleros como torturadores habituales pero el miedo, unas coartadas “perfectas”, el corporativismo y, sobre todo -nuevamente-, el oscurantismo, provocaron que nunca se terminara de saber que pasó dentro.

Tanto es así que un informe de primeros de los noventa señalaba al respecto que la opinión pública desconocía la frecuencia con que se moría en prisión y las dramáticas circunstancias en las que se producían estas muertes.

Pero es un asunto más profundo aún. El sistema era y es inútil para la sociedad, está pensado para castigar a los pobres, a la clase obrera y no para mejorar la convivencia en nuestras comunidades y eso le da un toque dramático al sufrimiento que genera, puesto que lo convierte en un sufrimiento totalmente estéril.

Las cosas han cambiado desde entonces. A trompicones las prisiones han abierto un “poquito sus puertas”. Algunas organizaciones sociales y de voluntariado entran a desarrollar actividades dentro de prisión, pero siempre bajo la condición del silencio.

En el otro lado, la sociedad tampoco parece muy interesada en el tema: como le ocurrió a los guionistas de la serie, parece seguir prefiriendo con respecto a las prisiones que, en este caso: “mejor no me lo cuentes”.

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Javier Rodríguez

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