Milagros

Anda Huelva revuelta con ese milagro de la Virgen de Fátima: Antonia se fue con sus muletas a verla, y volvió por su propio pie. Y resulta curioso la predisposición de la gente a creer en esas cosas: no me extrañaría nada que se intensificaran los viajes a Cova da Iria. Parece algo contradictorio con el proceso de secularización que estamos viviendo, como si nos costara desprendernos de esa parte mágica que siempre han aportado las religiones: un milagro siempre es bienvenido, por muy ateos que seamos, de la misma manera que la buena suerte no molesta a los que no son supersticiosos. La religiosidad popular está ahí, latente, como un sustrato heredado. Los milagros, las romerías, las procesiones, van mucho más allá de las creencias, y forman parte de la identidad cultural de muchos que se reconocen ajenos a la religión. Es decir: hay mucha gente que cree en los milagros, acude a romerías y se pone debajo de un paso, y que no son miembros de la comunidad cristiana ni están dispuestos a serlo. Son algunas paradojas que costará resolver

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Gonzalo Revilla

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