Mis buenos días anónimos

Esta mañana fui a ver y comprobar que tú, “mujer anónima”, estabas allí. Sin tu permiso te he bautizado, cariñosamente, como la “ocupa del banco de hierro”.
Te encontrabas sola, acurrucada en tu saco de dormir, con tus bolsas de plástico por el suelo, con todos tus enseres y mobiliario dentro de ellas.
Eran las ocho de la mañana y me visitaron algunos sentimientos que hicieron tambalear los cimientos de mi casa.
Pensé en tu mirada profunda que había observado cuando te vi días atrás,
en tu historia, tu niñez, tu familia, tus amigos, tus inmuebles,
tu preocupación por el mundo de las finanzas, la bolsa, el incremento de
las hipotecas, el IPC, y sentí curiosidad por saber tu nombre.
Pensé en varios, pero como tenias aspecto de inmigrante, te bauticé Esperanza.
¡Que ocurrencia la mía!, ¿verdad?, ¡qué atrevimiento!.
Reconozco que horas más tarde, en la distancia, sigo reflexionando
en nuestro encuentro, bueno, en mi encuentro, porque tú no te has enterado absolutamente de nada.
Sigo dándole vueltas a la perola, o sea al corazón, me interrogo muchas cosas,
infinitas cosas, y entono mi mea culpa. Me siento mal.
No debo seguir tirando “balones fuera”, exculpándome de tu situación,
diciendo que la culpa la tiene el sistema.
Esperanza: te confieso que esa es mi tremenda pobreza,
mi cobardía, mis miedos y miserias, especialmente mi desesperanza,
porque no sé salir de este puto mundo, de tanta miseria
envuelta en cajas de regalos vacíos.
Tengo en la mesa un sobrecito publicitario de un producto cosmético que dice:
“aplicar sobre la zona a tratar
y masajear hasta la absorción”.
¡Que ingenuidad Esperanza! . Un beso.

The following two tabs change content below.

Dos Orillas

Latest posts by Dos Orillas (see all)

You may also like...

Deja un comentario