Morirse

En la publicación de tributos municipales para los presupuestos del año que viene hay una partida significativa en relación a los servicios del cementerio. Alquileres a corto y largo plazo de panteones, tumbas y nichos de primera y segunda, que para todo hay. Y en vísperas del 1 de Noviembre me parece un tema recurrente, sobre todo si así evitamos el dichoso Halloween que se impone año tras año hasta el hartazgo como moda importada.

Andalucía como pasional y barroca que es, tenía hasta la fecha muy asumido eso de morirse. Con su ceremonia, coreografía y puesta en escena, perfectamente conocida por todos: hombres, mujeres y niños. Poco a poco, con el paso del pueblo a la ciudad, y la consecuente reducción de metros cuadrados habitables en pisos en altura, se ha ido desmoronando ese rito y todavía no se ha encontrado alternativa que cuadre con nuestra forma de ser.

Porque aquí no entendemos eso de quedar para comer viendo fotos del difunto, o un funeral con globos y canciones, como se hace en el mundo anglosajón. Pero lo cierto es que necesitamos expresar lo que sentimos cuando se nos muere alguien querido y no ocultarlo, como parece que se nos invita a hacer en estos tiempos, donde todo se nos vende desde la perspectiva de la inmortalidad, como si no fuéramos a envejecer y morir nunca.

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Victor Rodríguez

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