Morón, Rota y la Paz

índiceEstados Unidos cada vez tiene más presencia militar en nuestro suelo. Nos lo han tratado de vender como una posibilidad laboral para los pueblos que acogen sus bases, tratando de eludir la cuestión central: la militarización. Pero lo que se abre en Rota no es una fábrica de conservas, no. Es un destructor, un barco destinado a desencadenar un infierno si fuera necesario. Lo que reciben en Morón no son inversiones para el turismo rural, no. Son unos pocos de miles de marines, un golpe de efecto para dejar claras las intenciones geoestratégicas de EEUU, su punto de partida en cualquier conflicto.

Esta claro que estamos muy lejos de querer entender el mundo de otra manera. La guerra es un negocio fabuloso, y cuando no hay razones para montar una fiesta bélica en alguna parte del mundo nos las inventamos. Los vendedores de armas necesitan guerras como los narcotraficantes necesitan adictos. Luego barnizamos todo esto con eufemismo como Operaciones Humanitarias, Defensa Nacional, Guerra Preventiva…

Las consecuencias dan un poco igual, son millones de refugiados dando vueltas por el Planeta, son viviendas destruidas, monumentos, países arrasados, mutilaciones, huérfanos, dolor, pobreza… Abordamos esas consecuencias sin relacionarlas con las causas, como si esos Sirios que ahora incomodan en Europa estuvieran dando un paseo por gusto, como si las bombas que cayeron sobre sus hogares no fueran made in occidente, como si el dolor no tuviera nada que ver con nuestros gobiernos y sus decisiones.

Rota y Morón, y el aumento de la presencia militar en esos pueblo, no son sólo una pérdida de soberanía y una pleitesía bastante burda. Es, además, la renuncia implícita a cualquier otra forma de diplomacia que no sea en clave de agresión, de intimidación. Hemos preferido no entendernos, alimentar las candelas del odio, dialogar con balas y misiles. Es una reposición de aquella escalada militar de los dos bloques, pero ahora más sutil, más quirúrgica, más elegante. Pero no menos mortífera: los que mueren en las guerras hoy son civiles, sólo civiles, hombres y mujeres, niños y ancianos que sólo aspiran a vivir en paz.

Estamos en el siglo XXI. Tenemos las herramientas, las condiciones, la posibilidad de ir generando una humanidad alejada de la guerra, capaz de vivir en paz. La mayor parte de los habitantes de este Planeta desean con todas sus fuerzas una sociedad sin balas que revienten a sus hijos ni bombas que destruyen sus casas. ¿Qué esperamos entonces para desmontar todas las malditas bases militares de este mundo?.

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Gonzalo Revilla

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