¿Movilizados?

Rouco Varela ha dicho que las críticas aparecidas ante la Jornada mundial de la Juventud deben servir a los católicos para “explicarnos mejor”, de acuerdo, pero también podría servir para que la iglesia Católica en su conjunto se replantee algunas posturas y encuentre cauces de diálogo con otras cosmovisiones. Hemos asistido en los previos de esta Jornada a una confrontación mediática ya acostumbrada y que está a la espera de algún debate más fecundo: la pertinencia o impertinencia de la financiación pública de eventos religiosos, lo de una España laica o católica que claudica o se libera, lo de los discrepantes y su derecho a protestar estar en la calle… pero poco se ha hablado de los verdaderos protagonistas del evento: los jóvenes creyentes en peregrinación desde medio mundo. ¿Qué buscan? Y sobre todo, ¡cuántas posibilidades! Ahí afuera hay un nuevo mundo que pelear, y ahí adentro una nueva iglesia que edificar.

Hasta ahora los actos multitudinarios de este Papa han servido fundamentalmente de altavoz a un discurso donde el catolicismo oficialista se presenta como la única vía de salvación del ser humano, tratando despectivamente al resto de creencias, religiones y opciones sociales no creyentes. Y por otro lado estos eventos siempre recurren al mismo formato, una movilización masiva con tintes conmovedores y a la vez fatuos, buscando mejorar una autoestima colectiva en tiempos de turbidez laica. Y todo a costa de edificar una autoimagen anacrónica y de prescindir de los sectores más críticos. Ahí hay varios motivos de indignación. Si la curia vuelve a trasladar ese mismo mensaje pastoral exclusivista, supongo que en esa ingente masa de asistentes habrá quienes piensen que el diálogo interreligioso no es un camino baldío que sólo lleva a la destrucción del hombre, y lo digan en voz alta. E incluso habrá quienes piensen que hay demasiada actualidad latiendo a la espera de respuestas y posturas no demagógicas, y propongan.

Los cristianos están llamados a mejorar el mundo, cualquier otra prioridad es baladí, y en esto coinciden con otros movimientos llenos de jóvenes, como los indignados del 15 M o los africanos que se juegan la vida por mejorar sus democracias, ¿sería posible inspirar un movimiento transformador de la realidad con estos cientos de miles de peregrinos? Es tentador pensarlo y mirando cómo arde medio mundo de la mano de la indignación colectiva… ¿por qué no? Es cierto que nadie espera de esta reunión ninguna movilización reivindicativa, pero conociendo la enorme diversidad de pensamientos y posturas en el seno de la Iglesia Católica, hay espacio para la indignación y el movimiento.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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