Muerte de un “indigente habitual”

Cuando se recoge la triste noticia de una muerte en la prensa solemos recordar lo bueno que fue el fallecido, se subraya su amabilidad, su generosidad, su honestidad…, aunque el difunto fuera Jesús Gil. No sé por qué no ha ocurrido igual esta semana en la que la prensa recogía que fallecía, en una plaza de Huelva, “una persona indigente habitual”, un individuo que, para más inri “contaba con varios antecedentes policiales”. No hemos podido saber ni su nombre. Creo que hemos preferido no pensar mucho en ello. Que se muera alguien es desagradable, pero que se nos muera en nuestras calles posiblemente nos dé algo de vergüenza. Es preferible no pensarlo porque entonces empezamos a plantearnos la causa de que tantas personas enfermas duerman, vivan en la calle, si nuestra sociedad es de las civilizadas. El porqué el Ayuntamiento y la Junta también utilizan este tema como arma arrojadiza mientras en Huelva seguimos careciendo de un albergue digno. El porqué no se tiene siquiera un dispositivo de emergencia para momentos en los que llega un frio como el de estos días. El nuevo estatuto recoge el derecho a la muerte digna, pero hay gente que se queda fuera, siempre, por muchos estatutos que se aprueben, del acceso a todos los derechos. Es un asunto desagradable, al que preferimos no mirar porque, al fin y al cabo, el que murió no era más que un “indigente habitual” que además “contaba con varios antecedentes policiales”.

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Javier Rodríguez

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