Municipalización y cacerolada

Ya en el año 2000 se municipalizó el recreativo de Huelva, aunque en aquel momento fue una cuestión más de orgullo y votos que de servicio público. La municipalización de servicios es un concepto recogido en el derecho administrativo que, en resumidas cuentas, considera actividades de gestión privada como de servicio público. Hablar de municipalizar saca a la luz el necesario conflicto entre el dogma de la libre gestión privada y el de la administración pública de los servicios fundamentales como única vía admisible.

Hace un año perdimos Aguas de Huelva, o como dice la corporación municipal la “compartimos” con una empresa especializada para mejorar, y ya este año hemos pagado un 20% más por abrir el grifo. Para colmo ya este año han informado de pérdidas (la forma de contar las beneficios es algo burda) y esta empresa no se va a conformar con los dos millones de euros recibidos este ejercicio. Vemos cómo el bumerán puede volverse contra la mano que lo arroja, o miremos si no los problemas con la empresa contratada para el cobro de los tributos municipales, si no cobra no trabaja. A nivel local se renueva el conflicto, siempre político e interesado, pocas veces fundamentado.
Ya hemos hablado en esta columna del decálogo para privatizar un servicio público: cuestionamiento, crítica, disminución del presupuesto y recursos, ataque al funcionariado responsable, más crítica, sustitución, negocio, caridad (para los que no pueden pagar), chantaje y subvención (más dinero público para conservarlo). Ahora estamos en esta última fase de “subvencionar” la nefasta gestión privada de empresas que ofrecen servicios imprescindibles.

En 2005 se potencian en Francia los Comités en Defensa de los Servicios Públicos. El detonante fue la polémica directiva Bolkenstein para privatizar servicios públicos, que instalaba el dumping social en primera línea de batalla. Hace dos semanas nació en Madrid la Alianza en Defensa del Sistema Público de Servicios Sociales bajo el lema: ‘Estamos a tiempo’; en la Comunidad de Madrid han proliferado las plataformas en defensa de los servicios públicos como respuesta a políticas aniquiladoras del patrimonio común. Estos días profesores y alumnos del IES Rafael Reyes de Cartaya se han encerrado en el centro en defensa de nuestra educación pública. Todos son ejemplos de la “cacerolada” necesaria para despertar a la ciudadanía: ya conocemos las políticas que las promueven y los intereses que hay detrás, y sobre todo cómo frenarlas: denuncia, conciencia y política.

Municipalizar es un ejemplo de recuperación de soberanía a nuestro alcance, para sobrevivir: ¿Empezamos con nuestra agua? ¿Con la energía que se produce a raudales en nuestra provincia? ¿con los servicios de ayuda a domicilio?…

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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