Nada regalado

Hace unos días coincidieron en la Universidad de Huelva Julio Anguita y Lucio Urtubia, dos
personajes de la izquierda política de este país, el segundo tal vez más desconocido, aunque su
nombre ocupó algunas portadas allá por los años 70. Comunista el primero, anarquista el otro,
honestos los dos, pese a que uno de ellos se sentó en el banquillo de los acusados por falsificar
cheques de uno de los mayores bancos del mundo. Aún así: honestos los dos. Pero a lo que vamos:
Julio y Lucio dieron dos charlas, en dos facultades de la Universidad, el mismo día y al mismo
tiempo. Y curiosamente coincidieron, casi con las mismas palabras en una cuestión: “nadie nos va a
regalar nada, hay que luchar por aquello que nos importa”.

No hace falta coincidir con el pensamiento de estos dos señores para darles la razón: uno de los más
graves problemas de nuestra sociedad, de nuestras democracias, es la desmovilización, la apatía con
la que dejamos que nos gobiernen. O nos desgobiernen, y nos recorten esas conquistas que se
fueron ganando en intensos períodos de lucha, generación tras generación. Y a las que hoy
renunciamos sin pestañear, apenas una tímida huelga, alguna protesta aislada, pero sin
convencimiento, como dando por hecho que las decisiones sobre nuestra vida las toman otros, lejos.
Y que en realidad nada de lo que hagamos alterará la maldita hoja de ruta.

Hemos visto como los tiburones financieros han llevado a la economía al colapso. Y permanecimos
impasibles. Hemos visto como la banca pedía ayuda a los políticos, y como éstos inyectaban
nuestro dinero para rescatar a los irresponsables que nos habían metido en el hoyo. Y tranquilos.
Hemos dejado que se hiciera una reforma en contra de la clase trabajadora, para que las grandes
empresas pudieran seguir ganando como acostumbraban. Y seguíamos ahí, calladitos. Observamos
perplejos como todos los ajustes que se le hacían al sistema iban en la misma dirección, y que nadie
parecía dispuesto a frenar la voracidad de los Mercados. Pero seguimos inmóviles. ¿Por qué esa
pasividad? ¿Qué nos ocurre?

“Nadie nos va a regalar nada, hay que luchar por aquello que nos importa”. De momento no hay
mucho espíritu combativo en el ambiente, seguimos con la barriga llena, saciados, con el cerebro
empapado y espeso. Inofensivos, ingenuos. Admiramos la valentía de los pueblos que se van
levantando contra sus dictadores, pero no encontramos nuestra propia valentía por ninguna parte. E
intuimos vagamente que si seguimos perdiendo el tiempo, si no reaccionamos pronto, tal vez
cuando lo hagamos no haya nada que defender. Y mañana, cuando nuestros hijos, o los hijos de
nuestros hijos nos pregunten “¿qué pasó?”, sólo podremos bajar la mirada, avergonzados…
”.

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Gonzalo Revilla

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