Necesidades

Nos reunimos un grupo de amigos, jóvenes y mayores de distintas edades. Habíamos decidido comprar viandas y organizar una paella para celebrar el final de un curso; todos estaban alegres y todo parecía ir sobre ruedas. Terminada la comida nos dispusimos a recoger los enseres, fregar la paellera y dejar más o menos recogido el local. Como siempre que existe un acto de compartir, cual multiplicación evangélica de panes y peces, sobra casi tanto como se recibe; en este caso fue así, sobró de todo. Para mi sorpresa, la mayor parte de los invitados se marchó, sin percatarse del destino de las sobras, esperando que alguien lo dejara en un ?ecológico? contenedor. Es esas estábamos cuando observé que se había quedado un joven inmigrante que no dejaba de mirar a la mesa. ¿Quieres llevarte lo que sobra?- le pregunté. Sus ojos se encendieron. Acto seguido, se dispuso a buscar bolsas y a empaquetar primorosamente las bandejas de fiambres y el resto de la comida.

Así lo vimos marchar, el último, cargado de bolsas pero contento.Puede que este sea el signo más evidente de la época que vivimos. Unos tienen de sobra y no se preocupan de lo que dejan; y otros están esperando aprovechar lo que desechamos.

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Dos Orillas

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