No a la guerra

Los que llevamos toda la vida diciendo “no a la guerra” volvemos a unir nuestras voces estos días para recordar que las bombas no solucionan ningún conflicto. Allá con su conciencia los que hayan utilizado este lema según sus intereses particulares, partidistas… Hemos visto las duras imágenes del conflicto en Siria, se nos encoge el corazón con las decenas de miles de víctimas que ha provocado el conflicto en aquel país, abominamos de cualquier forma de dictadura y de sus represiones: ya sea en Egipto, en Chiapas, en Libia, en Palestina o en el Sahara. Donde sea, ¡la lista es tan larga!

Pero no podemos creer que con unas bombas la situación vaya a mejorar -aunque ahora arrojar bombas se llame ataque quirúrgico nunca nos engañarán con sus eufemismos: guerra preventiva, ejército humanitario, daños colaterales…-. Siempre es lo mismo, de hecho el bombardeo ya ha empezado, los Señores de la Guerra ya iniciaron su campaña bélica y ustedes lo notaron desde hace semanas en sus televisores a través de la orquestada campaña con la que pretenden convencernos de la necesidad del ataques.

La situación en Siria es grave, pero atreverse a proponer soluciones desde la ignorancia y la distancia es temerario e irresponsable. Lo que sí sabemos es que hay caminos que no sólo no solucionan los problemas, sino que los agravan, lo hemos visto muchas veces; Irak, Afganistán… y aún cuando, con el tiempo, la situación mejora nos parece que el reguero de víctimas y los daños irreparables que provocan estas guerras suponen un saldo de tal calibre que nadie puede afirmar que mereció la pena.

Lo que sí nos atrevemos a proponer son soluciones que vayan a la raíz de estos problemas: hay que luchar contra el militarismo, contra la industria militar y armamentística, mientras la guerra siga siendo un negocio seguirá habiendo guerra. Hay, también, que impulsar mecanismos internacionales de mediación, con la fuerza de la democracia como aval, no con pantomimas como la Asamblea de la ONU. Hay que promover otro marco de relaciones internacionales basado en los Derechos Humanos y no en el poder unilateral de los países más ricos y hay que ser consecuentes: no vale avalar las dictaduras de mis amigos y luchar contra la de los que no lo son. Pero sobre todo hay que luchar por impulsar una auténtica Cultura de la Paz basada en la Justicia y la Igualdad entre todas las Personas y todos los Pueblos.

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Javier Rodríguez

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