No al TTIP (II)

El domingo pasado nuestro compañero Javier Rodríguez argumentaba en esta misma columna contra el posible acuerdo de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos. La dimensión de su relevancia para nuestra economía y sociedad, hacen que merezca la pena dedicarle una reflexión crítica durante toda esta semana a este asunto, y máxime cuando este sábado hay prevista una acción global publicitada como #18aNOalTTIP. Más allá del resquemor por el oscurantismo de su negociación y por la filosofía que hay debajo de todos los tratados de libre comercio que lleva años EEUU intentando firmar con diferentes partes del mundo, es interesante aterrizar en los efectos concretos que pudiera tener sobre nuestra forma de consumir, relacionarnos y producir para que vayamos tomando conciencia.

En primer lugar, el tratado pretende eliminar cualquier traba al libre comercio, incluso las regulaciones particulares de los países o las comunidades autónomas. Para ello se acuerdan entre ambas partes las reglas a aplicar en cada caso, que por lo que va trascendiendo parecen bastante laxas y hechas para garantizar la estabilidad de las inversiones de las grandes empresas, y por otro lado se va a privilegiar un sistema de arbitraje para las disputas entre las partes. Este sistema se llama “mecanismo de solución de controversias inversores-estados”, conocido como ISDS por sus siglas en Inglés, que será independiente a las Constituciones nacionales, lo que supone un evidente riesgo de pérdida de autonomía sobre los derechos de los consumidores y la protección de la salud y del medio ambiente. No podremos decidir directamente sobre energía, salud pública, crímenes ambientales de compañías multinacionales y abusos a los derechos humanos, ya que en todo caso prevalece el acuerdo bilateral ¿Queremos anular nuestra legislación en beneficio de otra mucho más liberal y alineada con intereses del gran capital? Yo no, desde luego, no me fío. Asuntos como el fracking en Doñana no podría ser vetado por la Junta de Andalucía; alimentos hormonados en condiciones de ilegalidad en EEUU podrían ser vendidos aquí aunque vayan en contra de nuestra legislación alimentaria; el desembarco de grandes empresas en el mundo rural sería algo inevitable de la mano del TTIP.

En definitiva oscurantismo, neoliberalismo, grandes capitales, pérdidas de garantías sociales y crecer por crecer. Los ingredientes fabulosos que nos han conducido a la mayor crisis económica de los últimos 50 años y al desfiladero del colapso ambiental. No al TTIP.images (2)

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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