No con mi coche

Se acerca el Día sin coche, uno de esos eventos a nivel europeo que ha conseguido una moderada repercusión mediática y, de paso, visibilizar un problema real que afecta a la vida real de la gente. Es cierto que en Huelva no estamos acostumbrados a grandes atascos y que la palabra contaminación está aquí asociada a otras causas. Pero los desplazamientos, el disfrute de los espacios urbanos o la mejora de la calidad de vida no son, en absoluto, asuntos ajenos a nuestra existencia diaria. Ni a nuestras decisiones personales.

Si quiero aire limpio para mis hijos, sitios tranquilos para pasear o terrazas para sentarme, eso tiene que ver con el tipo de transporte que elijo cada mañana para ir al trabajo. Si quiero una ciudad para las personas y no a personas padeciendo los inconvenientes de vivir en una ciudad ruidosa y congestionada, eso está relacionado con el sitio donde hago la compra o la prisa con la que me planteo muchas de mis actividades cotidianas. Puede que tarde más tiempo en llegar, pero el hecho de caminar un poco, tomar el autobús o ir en bici dice mucho del tipo de vida que quiero para quienes están a mi alrededor. Cada gesto mínimo tiene un inmenso poder transformador.

Esa es la primera decisión, la mía, la de cada uno, la del “no con mi coche”. Luego vienen otras, que no son fáciles: pelear para que el transporte urbano sea eficiente, para que se pueda circular en bicicleta sin peligro, para que las líneas férreas “de segunda” sigan existiendo… Y lógicamente, para que ese transporte eficaz y sostenible sea un servicio público, no un recurso en manos privadas.  Una ciudad mejor también viene a ser cuestión ideológica.

Por último, habría que pedir a los que están cerca del poder la misma coherencia que ellos nos animan a poner en práctica. ¿Por qué las instituciones europeas invierten tanto gasto y esfuerzo en convocar campañas como esta, si luego no hay un compromiso real para frenar el cambio climático? ¿Por qué el Gobierno español se suma a la iniciativa, si luego prioriza que haya más kilómetros de AVE o más aeropuertos sin tráfico? ¿Por qué los ayuntamientos organizan talleres de educación ambiental, si luego privatizan sus autobuses? Estas decisiones ya son de más calado, aunque se llega a ellas con la misma naturalidad con la que se monta en bici. De momento, dejen de vez en cuando aparcado el coche. Puede que sea el principio de grandes cambios.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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