No todo está perdonado

Dicen los dibujantes de Charlie Hebdo que está todo perdonado. Con ese titular sorprendente han reaparecido después de la tragedia. Está escrito a grandes trazos sobre una caricatura del mismísimo Mahoma que carga con las culpas de quienes, invocándolo, cometen atroces crímenes. Perdón, parece decir el profeta, lloroso y abatido. Perdón, han escrito muchos musulmanes estos días en las redes sociales, perdón por lo que han hecho unos cuantos descerebrados en nombre de nuestro dios, sentimos vergüenza y pedimos perdón.

¿Por qué piden perdón? ¿Son culpables de algo, se sienten responsables, se ven con los mismos ojos que los vemos nosotros? ¿O son también víctimas…? Mucho se ha escrito estos días sobre la relación entre lo ocurrido en Francia y las cruentas políticas occidentales en Palestina, en Irak, en Siria o Pakistán. Mucho se ha hablado sobre la xenofobia y la pobreza, inevitables caldos de cultivo de la radicalización y el fanatismo. Pero aún admitiendo el buenismo de algunos análisis, ¿quién les ha pedido alguna vez perdón a ellos? ¿Quién ha prestado atención a sus tragedias, sintiéndose involucrado de veras? ¿Cuándo hemos llorado por sus muertos, ahogados en el Mediterráneo o en el Atlántico? ¿Cuándo hemos elevado algún clamor por esas ilegales “devoluciones en caliente”? ¿Cuánto más habrá que esperar para que el pueblo saharaui regrese a su tierra, mientras un gobierno español tras otro sigue encogiéndose de hombros? ¿Cuántos muertos más en Gaza? ¿Cuántas realidades que afectan a los ciudadanos musulmanes pasan desapercibidas, sin que salgamos a la calle a gritar contra el horror y la barbarie? ¿De verdad está todo perdonado, o somos engreídos hasta para decidir de dónde parte el camino de la reconciliación?

Esa caricatura de Mahoma que aparece en la portada del semanario satírico francés lleva un cartel en sus manos: “Je suis Charlie”, yo también soy Charlie, y esa frase concita hoy más que nunca la solidaridad y la defensa de los derechos universales: yo también proclamo la libertad, yo también reclamo la justicia. Soy Charlie, sí, es cierto. Pero también soy musulmán, y judío, y africano, y latino… De lo que se trata es de respetar esa compleja y delicada diversidad, no sólo desde el foco con que miramos la realidad los europeos, sino desde todos esos otros ángulos posibles. Sólo así sanarán las heridas, sólo así estará, de verdad, todo perdonado.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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