No va a servir de nada

“No va a servir de nada”. Esa es una de las frases que más se escucha últimamente, antes de una manifestación, de una huelga, o de cualquier iniciativa de transformación social, cualquier exigencia de mejora de nuestro entorno, de nuestra vida. “No va a servir de nada”, y así podemos seguir con nuestra vida, dejando que la historia se escriba sola, o más bien que la escriban otros. Es una forma de entender las cosas. Aunque hay otras: estos días pasados alguien nos decía que “la única huelga que se pierde es la que no se hace”. Y lo decía desde la experiencia de muchos años de lucha, de reivindicaciones, de batallas perdidas y ganadas.

¿Merece la pena resistirse a los continuos recortes que estamos sufriendo?, ¿merece la pena exigir la recuperación de la Ría para la ciudad?, ¿merece la pena reivindicar una clase política honesta, alejada de la corrupción?, ¿merece la pena defender la sanidad pública, la educación pública?, ¿merece la pena impedir la construcción de un oleoducto que cruce la provincia hasta Extremadura?

Bueno, sobre esto último: parece que ese megaproyecto del señor Gallardo tiene los días contados. El informe del el impacto sobre Doñana ha sido definitivo, pero sin la presión ciudadana, sin las plataformas que aquí y allí han estado sensibilizando, sacando gente a la calle, presionando a las administraciones, el oleoducto se habría construido, sin duda. Es decir: las reivindicaciones sirven, claro que sí, expresan la voluntad de la ciudadanía o de parte de ella sobre temas concretos, muchos avances de la historia se han construido así, lentamente, con pequeñas luchas que fueron creciendo, cargándose de razón, hasta concretarse en una Declaración, en una Carta Magna, en un Decreto…

Claro que al sistema, la gente que resiste, que reivindica, que propone cambios, no le interesa en absoluto. Prefiere ciudadanos pasivos, complacientes, y nos educa cuidadosamente para ello. Hasta que terminamos diciendo “no sirve de nada”, y entonces el status quo estará garantizado. ¿Es eso lo que queremos? De alguna manera nos tienta eso de vivir tranquilos, sin luchas ni complicaciones, pero sabemos que nuestro bienestar y el de las generaciones venideras no se nos regalará, habrá que pelearlo trecho a trecho. En definitiva, estamos alojados en ese dilema: conformarnos con ese “no va a servir de nada” y dejarnos caer en el sofá, o salir a la calle a defender nuestros derechos, nuestro medio ambiente, nuestra soberanía, nuestra dignidad. De lo que terminemos decidiendo dependerá el mundo de mañana.

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Gonzalo Revilla

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