Noble versus terrible

Al parecer en un solo año se han hecho tantas fotografías como en toda la historia de la fotografía. Gracias a las cámaras digitales. Y es que el desarrollo tecnológico va mucho más deprisa que nosotros. Somos, ya, una ciber sociedad, una tecnosociedad. Con lo bueno y lo malo. Ya advierten que ese ansia por estar “conectados” puede resultar patológica, y que la cantidad de comunicación no siempre es sinónimo de calidad. Por ejemplo esas llamadas tontas desde el móvil para decir “ya estoy llegando” o “acabo de salir del ascensor”. Y esa moda sádica de grabar palizas y vejaciones con el móvil, y enviarlas a los amigos. De locos. Lo fácil es demonizar la tecnología. Pero ella no es la culpable: casi todos los inventos tienen su versión perversa: somos nosotros. Una célula madre, un móvil o una pedeá no son malos o buenos. Es la condición humana, sus temores, sus pesadillas, su parte oscura y su parte luminosa la que los pone al servicio de lo noble o de lo terrible. ¿Cuántos mensajes de amor se han escrito en un móvil? ¿Más o menos que amenazas e insultos? Quiero creer que seguimos siendo mayoría los que apostamos por lo noble. Pero a veces entran dudas: los medios tienden a subrayar la parte más fétida. Las buenas noticias no suelen ser noticiables casi nunca. Más fotografías en un año que en toda la historia anterior: algunas la hicieron pederastas. Terrible. Pero la inmensa mayoría son recuerdos de historias cotidianas, amables, sencillas. Noble.

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Gonzalo Revilla

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