Nos merecemos algo más

1000 empleos durante la construcción y 140 para su funcionamiento: éste es el saldo a favor que dejará en Huelva el complejo energético que el Grupo Villar Mir pretende construir aquí. A cambio, el “premio” añadido de la mayor concentración de centrales térmicas del país en relación a los habitantes, el encadenamiento histórico a una industria contaminante que impide otro tipo de inversiones sostenibles, y cómo no, el aumento de la fractura social en una ciudad económicamente tan castigada que se debate entre sobrevivir hoy o caminar hacia un mañana más limpio. La disyuntiva es perversa, y el reclamo del empleo en plena crisis, muy doloroso. Se entiende la confusión de los ciudadanos, pero habría que escuchar todas las voces y atreverse a pensar más allá. En otros lugares de España lo han hecho, y en Huelva llevamos más de medio siglo soportando un Polo químico, ¿no nos merecemos otra cosa?

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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