Nos quieren enfrentados

Es posible que usted me tenga etiquetado y que eso haga que diga o escriba lo pase por el tamiz de esa etiqueta que me tiene colocada. No le culpo, yo también etiqueto a los demás. Puede ser una etiqueta sociológica: es un cani, es una pija, es un hipster, es una moderna… Puede ser una etiqueta deportiva: es del Barça, es del Real Madrid, es de los Ángeles Lakers… Puede ser una etiqueta cultural: es un romántico, es un gótico, es un cultureta o un inculto. Religiosa: es un capillita, es un moro, es un ateo… O puede ser una etiqueta política: es un pepero, es un sociata, un podemita, un comunista, un pasota…

Definirnos no está mal y posicionarnos ante lo que nos rodea es necesario. Simplifica algunas cosas, clarifica los debates, aclara las posiciones de partida de cada cual en los debates… El problema es cuando la confrontación se basa en esas posiciones de partida y no en los temas que se debaten, cuando nos dividimos en facciones desde las que defendemos nuestras posiciones contra las posiciones de las otras facciones.

Hay cosas que han cambiado en los últimos años: la sociedad ha tomado conciencia de muchos problemas que arrastra nuestro modelo socioeconómico y de la raíz de estos. Hay una mayoría muy amplia entre la que habría un consenso fácil con el diagnóstico y las recetas que habría que aplicar ante este diagnóstico. Sin embargo los que mandan -ya lo saben ustedes: los bancos, las empresas del Ibex 35…-, esa minoría, esas pocas familias que, como dice un amigo, han manejado durante mucho tiempo los hilos de la economía, la política, la información… no van a facilitar la aplicación de esas recetas porque, entre otras cosas, ellos son parte del problema.

Para ello utilizan muchos medios y en este momento uno muy evidente es el de la polarización: nos dividen, inundan nuestras cabezas de mentiras que repetidas mil veces siguen siendo mentiras, pero mentiras que damos por buenas, enfangan el debate, lo colocan fuera del foco que les sacaría las vergüenzas (hablemos de Venezuela mejor que del último escándalo sobre evasión de impuestos), utilizan la etiqueta como insulto: ¡comunista! ¡Cristiano! ¡Podemita! Y nos ponen a discutir en la barra del bar porque de lo contrario lo que estaríamos haciendo es empoderandonos, tomando conciencia de nuestros problemas y generando estructuras para resolverlos. Para ellos es mucho mejor que estemos “con la peleita”.

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Javier Rodríguez

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