Nunca más

El viernes la Cordinadora Para la Prevención de la Tortura presentaba el Informe sobre las torturas en Andalucía y unos pocos se concentraban frente a la Puerta de los Juzgados de Sevilla denunciando la inoperancia de la Justicia frente a estos casos. Parece que la tortura se convierte, por fin, en un residuo de lo que fue, pero sigue existiendo y el conocimiento de un solo caso debiera ponernos en alerta; es un delito que se produce con el agravante de que sus protagonistas son los llamados cuerpos de seguridad -los que deben velar porque no se produzca ningún delito-. Es grave, también, que la mayoría de las víctimas procedan de las capas con menos recursos de la sociedad, aquellas a las que más protección debiera darle el Estado. Es grave la “creatividad” que genera nuevas formas de torturar, menos visibles pero igualmente dolorosas. Es grave que la Justicia tarde tanto en actuar en estos casos, sabiendo que los que los denuncian suelen arriesgar mucho como para “inventarse farsas” y, encima, termine colocandolos como culpables de la situación. Es grave que la sociedad mire a otro lado, tolere e incluso justifique los casos de tortura porque las víctimas no tengan un expediente inmaculado y porque “vivimos en un Estado de Derecho”. Y es grave que los políticos no pongan instrumentos para que esto no siga pasando.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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