Objeción fiscal

La modificación de la legislación sobre el aborto lleva a un sacerdote de la diócesis de Almería a proponer que no se paguen los impuestos. Hoy he oído decir a una persona que ocupa un cargo en el obispado de Almería algo verdaderamente llamativo: no hay que pagar impuestos. El razonamiento es el siguiente: el Estado no garantiza el derecho a la vida, que es el bien supremo. Luego el Estado es una farsa. Así pues, no hay que pagar impuestos. Es decir, lo que este sacerdote ha hecho es una llamada a {{la objeción fiscal}}, motivada por la reforma de la legislación sobre el aborto (personalmente, no creo que el aborto sea un derecho, pero no trataré de imponer esta creencia mía a nadie). ´

Lo primero que se me ocurre decirle a este hombre es que tenga cuidado con lo que propone, dado que la Iglesia, de la que formo parte y a cuyo sostenimiento económico contribuyo, está lejísimos de poder autofinanciarse y que, para poder cubrir sus gastos, necesita de la aportación económica del Estado. Y no sería muy consecuente decir que no se paguen los impuestos al Estado al tiempo que se recibe dinero del mismo. Se me ocurre que su propuesta podría reformularse así: dado que el Estado no garantiza el derecho a la vida, nos negamos a recibir dinero del mismo y nos ajustaremos a un estilo de gestión más evangélico, basado en la austeridad y la solidaridad. Incluso, como decía {{san Pablo}}, en trabajar para no ser una carga para la Comunidad (Hch 18, 3; 20, 34; 1Co 4, 12; 1Co 9, 6; Ef 4, 28; 1Ts 4, 11; 2Ts 3, 10.12)

Lo segundo que se me ocurre decirle es que yo tampoco estoy muy seguro de que el Estado sea mucho mejor de lo que él dice, y, como él, estoy casi seguro de que no protege el derecho a la vida: la de los mil doscientos trabajadores que mueren anualmente en España en accidentes de trabajo, de los casi tres mil inmigrantes que mueren en el mar cuando tratan de llegar a España, de las personas que mueren a causa de las armas que exporta el Estado,… Ciertamente, cuando pienso lo que cuesta un carro de combate Leopard o en la reforma de la legislación de extranjería, a mí también me dan ganas de objetar fiscalmente.

Hace tiempo que leí un libro de un autor anglosajón, {{Quentin Skinner}}. La obra en cuestión se titula {“Los fundamentos del pensamiento político moderno”}. En el segundo volumen de la obra, el autor, de manera rigurosa y científica, aborda la influencia de la reforma protestante y de la contrarreforma católica en la configuración de las ideas políticas modernas: el absolutismo, derivado del pensamiento de {{Lutero}}; {{Suárez}}, {{Berlamino}} y {{los jesuitas}}, que están en los orígenes del pensamiento democrático; {{los calvinistas}} y la teoría de la revolución contra el príncipe injusto,… Huelga decir que las declaraciones del sacerdote incardinado en Almería están más cerca del cura {{Merino}}, el trabuco y la caspa, que de los mencionados autores, por lo que es dudoso que su aportación pase a la Historia del Pensamiento Político.

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