Ocho/ocho/ocho

En estos tiempo es el que los mercados nos dan las recetas que nos indigestan podríamos automedicarnos un rato al menos, a ver si nos va mejor. Y en esa clave van estas líneas: reduzcamos nuestra jornada laboral , repartiendo así el trabajo. ¿Es descabellado? Evidentemente no. Lo descabellado es seguir transitando por el productivismo feroz.

Ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar y ocho horas para el ocio. No tiene sentido que a estas alturas andemos encadenados a jornadas laborales infinitas: se suponía que la tecnología, el desarrollo, la modernidad, nos iban a posibilitar disfrutar un poco más de la vida y dedicar un poco menos a los trabajos productivos. ¿Por qué entonces no conseguimos reducir la jornada laboral? ¿Por qué seguimos dedicando la mayor parte de nuestro tiempo a ganarnos un salario, sin tiempo para gastarlo en las cosas que nos hacen felices, que nos generan buenas vibraciones?

En estos tiempo de búsqueda de equilibrio: estaría bien poder dedicar un tercio de nuestro tiempo al descanso, sobre todo porque hace falta para que el cuerpo aguante; otro tercio para el trabajo productivo, incluyendo aquí las tareas domésticas, el cuidado de la casa y el resto de obligaciones “productivas”, aunque no remuneradas; y otro tercio al ocio, a leer, escribir, jugar con los niños, a todas esas cosas que “siempre quisimos hacer”…

No es imposible hacer esto: tenemos los recursos, la tecnología… pero hemos de invertir los valores, poner por encima la felicidad como fin último del ser humano, y no el productivismo. Hemos nacido para disfrutar, para hacer poesía, deporte, sexo, para dar paseos por la playa, para volar una cometa al atardecer, para jugar al mus con los amigos, para cuidar las flores, para montar en bici entre los pinos, para charlar despacio, para mirar las estrellas… Para poder hacer todas estas cosas dedicamos algunas horas a labores productivas: así conseguimos la comida, el agua, la ropa, la tele… Y para recuperarnos dormimos un rato más o menos largo. ¿Por qué es tan difícil equilibrar todo esto? Esta claro que los beneficios de nuestra excesiva dedicación a las tareas productivas no recae sobre nosotros, está claro que trabajar más no nos hace más felices, esta claro que terminamos siendo peones de otros intereses ajenos a nuestro bienestar o del bienestar colectivo…

Ocho horas para el trabajo productivo, ocho horas para descansar y ocho horas para el ocio. Ojalá de esta crisis vayan saliendo soluciones, recetas, prácticas, que nos humanicen, que nos devuelvan la cordura, que nos reconcilien con este presente caótico.

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Gonzalo Revilla

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3 Responses

  1. javi@dosorillas.org' Javier Rodríguez dice:

    Vale, pero que el tiempo de trabajo en casa compute en las ocho horas de trabajo y no en las de ocio

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